miércoles, enero 09, 2008

Simone de Beauvior, 100 años

Marcela Vera O.

Hoy se cumplen 100 años del nacimiento de una de las más importantes filósofas (y filósofos) del siglo XX, Simone de Beauvoir. De Beauvoir escribió una de las obras fundacionales del feminismo, utilizando los conceptos existencialistas para indagar acerca de la vida de la mitad de la humanidad, y cambió las Ciencias Sociales para siempre.

Su libro “El Segundo Sexo” (1947) provocó un escándalo tras su primera publicación, y hoy es considerada una obra enciclopédica, pues aborda la identidad de las mujeres y la diferencia sexual desde los puntos de vista de la psicología, la antropología, la historia, la biología y la sexualidad. Despues de este profundo análisis sobre el papel de las mujeres en la sociedad, nadie pudo negar que ´mujer´y ´hombre´ son productos culturales que se han construido socialmente. Su frase célebre “no se nace mujer, se hace”, refleja su filosofía que rompió con el mito de la ´mujer´, marcó a toda una generación, e influyó en toda la sociedad occidental, produciendo cambios sociales y políticos.

Simone de Beauvoir nació en París, el 9 de enero de 1908. Estudió filosofía en la Sorbona, fue novelista, ensayista, periodista y militante política, aunque esa última faceta tardara en manifestarse. "Lamento que haya sido necesaria la guerra para hacerme comprender que vivía en el mundo y no fuera de él", escribió en 1985, refiriéndose al periodo de la ocupación alemana. Más tarde se involucró en las luchas políticas de su tiempo, como el derecho al aborto, mayor seguridad en las fábricas, una mejor consideración social de la tercera edad, etc.

Su primera novela, “La Invitada”, tuvo un éxito imediato. En 1945 fundó junto a Jean-Paul Sartre la revista semanal “Les Temps Modernes”, publicó “La sangre de los otros”, una novela cuyo protagonista debe elegir entre el compromiso político y sus responsabilidades privadas, y dos años más tarde publicó el libro “Para una moral de la ambigüedad”. En 1954, De Beauvoir obtuvo el prestigiosos premio Goncourt con su novela “Los mandarines”, en la que propugnaba que los intelectuales de izquierda abandonaran su posición privilegiada en la élite para implicarse en la política cotidiana. Simone de Beauvoir se convirtió en uno de los autores franceses más leídos. Tambien escribió otras novelas filosóficas, como “Todos los hombres son mortales” y autobiográficos, como “Memorias de una joven formal” (el primero de los cuatro volúmenes de su obra autobiográfica).

Los 1.200.000 ejemplares vendidos de “El segundo sexo”, -sólo en francés- , es hoy un libro de referencia del feminismo, y ha influenciado en la evolución de la mentalidad contemporánea. En todas las principales ciudades de Europa y el mundo, se conmemorarán hoy los 100 años del nacimiento de esta filósofa y escritora, uno de los nombres clave en el pensamiento progresista de la segunda mitad del siglo XX.



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jueves, noviembre 22, 2007

Feminismo en blanco y negro

Marcela Vera O.


Sabemos que el feminismo en nuestro país se ha ido desarrollando en los últimos 20 años, pero después de un largo estancamiento a raíz de los procesos históricos comenzados hace 35 años (sin contar la influencia paralizadora de la iglesia católica), en general se vé una tendencia a situarse en la corriente del feminismo radical de los años ´60.

En nuestro país aún se está debatiendo el derecho al aborto (aunque se discute muy poco), recién tenemos derecho al divorcio, y la píldora del día después parece ser un debate sin fin… Hay temas que nisiquiera se discuten en algún debate, como el sexismo en la educación y en la sociedad en general, o la intromisión de la iglesia en las políticas publicas de educación sexual o derechos reproductivos y de la salud.

En este sentido, los cambios de paridad hechos en el gobierno por la Presidenta de la República, así como las leyes a favor de los derechos de la mujer impulsadas por ella, que en general nisiquiera tienen el incentivo de los movimientos feministas, resultan ser una hazaña personal de ella misma. El “femicidio político” que la acosa, es en general pasado por alto por muchas feministas, incluso considerado un “chiste” el hecho de que la presidenta se quéje de “algo así”, ya que no se compara con la muerte de las 58 mujeres que ya han sido asesinadas este año a manos de sus parejas. Como si la discriminación sin resultado de muerte no importara. Pero sólo basta con ver los diarios para darse cuenta de que a la presidenta no sólo la ignoran o solamente resaltan sus fracasos, sino que además la ridiculizan.

En el mundo industrializado de occidente, desde los ´60 hasta ahora, se han ido desarrollando desde el feminismo los Estudios Gay y Lésbicos, no desconocidos en nuestro país, pero asombrosamente no muy aceptados por los movimientos de lesbianas. Tal vez malinterpretados, por ser más asumidos por los movimientos de transexuales y gays, que para muchas lesbianas feministas han pasado de adversarios, a ser enemigos. Pero lo que más llama la atención es un cierto tipo de feminismo dogmático, una paradója que por supuesto vá en contra del feminismo en sí. En un mundo post-guerra fría, donde las contrariedades blanco/negro dejaron de ser para dar espacio a los matices, aparece como la reproducción de un muro que acaba de derrumbarse. Despues de los régimenes autoritarios, de las militancias robóticas, de los partidos políticos fundamentalistas, de las identidades nacionales excluyentes, en nuestro país aún perduran dos cosas: el chauvinismo ciego y la intolerancia. A eso se le podría agregar el miedo, y en el caso de las mujeres, la falta de autoestima (que a su vez lleva a la discriminación entre las mismas mujeres).

Algunas feministas parecieran esmerarse en reproducir el sistema contra el que dicen estar en contra, construyendo recetas de cómo vivir para ser una “verdadera” feminista. Una “verdadera” feminista pareciera ser alguien que responde a exigencias tan, o aún más extremas (y anticuadas, por cierto) que las de las feministas más radicales de los años ´60: no usar tacos altos, no comprometerse con su pareja y menos casarse, no ser romántica (por lo menos no en público y menos en ceremonias), no usar cierto tipo de vestimenta, no ser sexy, no incluir a los hombres dentro del feminsimo, no solidarizar con mujeres que no estén concientes de su condición social en la escala del patriarcado, no maquillarse y no depilarse; seguir un discurso y repetir frases clichés dichas por feministas célebres, seguir la huella del “verdadero” feminismo, es decir seguir “la receta”.

Quien no encáje en ese marco, al parecer no es feminista. Pareciera que tambien merece ser criticada duramente por toda su falta de “consecuencia” (como en los viejos tiempos de militancia marxista), y su forma “machista” de expresarse (como si todo nuestro idioma en sí no fuera androcéntrico). A fin de cuentas, según estas reglas, la mayoría de las mujeres deberían quedarse calladas o dejar de existir y dejar a las “verdaderas” feministas cambiar el mundo. Como a aquellas conocidas lesbianas feministas que asumieron el rol de dirigentas autoritarias considerando que “el resto” no estaba apto para participar en las desiciones “correctas”, de un movimiento que no era tal sin ese “resto”…

Pareciera que lo externo es más importante, como suele ser con las mujeres… En realidad esa imágen de "la feminista" sólo corresponde a los prejuicios que muchos hombres antifeministas tienen de las feministas. Lo insólito está en que muchas así llamadas "feministas" insisten en esta distorción.

Pareciera ser que para ellas no es válido ser feminista desde la propia identidad, y como en el socialismo (o como durante pinochet), tenemos que ser todas “iguales”. Desde esta perspectiva, demás está decir que entonces tenemos que ser todas “nacionales”, occidentales, asimilarnos a la cultura de la mayoría, dejar de ser autónomas, y no hablar desde la propia experiencia o hacer las cosas desde la propia realidad. Más o menos como ocurría en los países desarrollados durante los ´60, por ejemplo: el feminismo estaba hecho sólo para mujeres heterosexuales blancas de clase media. Aún ocurre en algunos países que las negras, árabes, latinas e indias, deben adaptarse al feminismo de las blancas para dejar de ser oprimidas, de lo contrario, se cree que sólo serán víctimas de los hombres de “su cultura”. Así mismo pareciera ocurrir a veces con aquellas mujeres feministas que no cálzan en la imágen que tienen algunas de la “verdadera” feminista.

El patriarcado, esa palabra tan gustosamente repetida por estas feministas del siglo pasado, está basado en un sistema enraizado en nuestras mentes, a seguir y reproducir, en donde las recetas de las formas de ser y de vivir son instrumentos eficaces para lograr calzar en las imágenes y estereotipos que ejercen su poder excluyendo al Otro, y reproducen el sistema. En la historia universal hay muchos ejemplos de cómo algunos grupos de individuos oprimidos discriminan a otros oprimidos, por ejemplo de cómo los negros oprimen y discriminan a otros negros o a otras etnias, de cómo las mujeres oprimen y discriminan a otras mujeres. En especial cuando estos grupos o personas han adquirido un cierto estatus en la sociedad, que los acerca más a la posición del opresor principal. O sino, cuando la discriminación hacia los pares es el camino hacia ese status y una manera de dejar de sentirse marginal, sacrificando la autonomía o la identidad cultural.

Algunas mujeres hemos ido aprendiendo mal algunas cosas. Al cambiar las metas, que ya no son las tradicionales de antes, algunas mujeres han incluido la competencia a la manera del sistema. La falta de autoestima, junto a la competencia indolente, suele llevar a una actitud arrogante hacia otras mujeres, y contribuye a la reproducción inconciente de patrones de discriminación.

¿Es necesario ser como un “hombre” para obtener derechos? ¿O es más importante darle nuevos valores a las cualidades “femeninas”? Las dos cosas pueden ser importantes (según el contexto), pero creo que lo más importante es estar concientes de nuestros prejuicios, y en el caso de nuestras metas, tener claro contra quienes competimos y en el camino no perder de vista la capacidad de aceptarnos como somos sin caer en dogmas (que tanto mal ya han hecho en el mundo através de la historia). Saber que cada una lleva su propia lucha diaria, que ninguna de ellas encája en un marco impuesto, o en alguna receta, porque nisiquiera existe algo llamado “mujer”, ya que somos un constante devenir. Si hay algo que todos los seres humanos tenemos en común, es la diferencia, las peculiaridades de cada una. Sin la diferencia, la igualdad nunca será posible, y menos podremos unirnos para alcanzarla.

Las mujeres en nuestro país, durante los años ´70 y ´80 lucharon juntas por una meta en común, mientras los hombres en general sólo se peleában por querer hacerlo todo a su propia manera y repartirse los cargos que aún no tenían. Estas mujeres eran de distintos colores políticos, de distintos estratos sociales y distintos sectores de la ciudad, todas distintas en todos los sentidos, pero solidarizaban la una con la otra sin olvidar que la meta era derrocar al enemigo que no dejaba espacio justamente para las diferencias. Fueron esas mujeres las que cambiaron la historia. Hoy ya no está, ese enemigo terrorífico, sin embargo ha dejado un espacio quebrado por donde se intromete la soberbia que nos hace olvidar…

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martes, septiembre 11, 2007

Teoría Queer


Queer es todo lo que séa “raro”, singular, diferente para la norma, para lo legítimo y dominante.

“Queer” no se refiere a nada en particular, se tráta de una identidad sin escencia. No es necesariamente una mirada de la sexualidad, incluye cualquier identidad que pueda ser reinventada por un sujeto.

por Marcela Vera O.


Foucault sostiene que la sexualidad no es un instinto biológico, si no más bien una forma de moldear el yo en la experiencia de la carne. Ésta experiencia está constituida desde y en torno a formas de conducta. Estas formas de conducta existen en relación con sistemas de conocimiento, con reglas de lo que es o no es natural, y con una relación entre el individuo y el sí mismo, que le capacita para reconocerse como sujeto sexual entre los demás. La sexualidad como atributo de primera importancia con el sexo opuesto no es algo natural, si no que es un producto de finales del siglo XVIII.

Derrida sostiene que un fenómeno siempre se define desde lo que no es (la diferencia), y que el significado siempre está en otra parte y no en el sujeto/objeto mismo. En relación a la sexualidad, esto quiere decir que se trata de conceptos sobre sí mismo que significan algo en relación a otro u otra cosa. Por ejemplo, sólo se puede tener una identidad heterosexual si se sabe que no se es homosexual. La identidad se crea en relación al otro, y en éste caso la identidad se podría decir entonces que está más que nada en el homosexual que en el heterosexual. Algo así sostiene Wittig, cuando dice que cuando la clase ´hombre´ desaparece, ´mujeres´ como clase tambien desaparece. Foucault señala que la diferencia y la norma son dependientes la una de la otra, es decir la diferencia no existe si no existe la norma. Por ejemplo la “desviación” sexual no existiría si las reglas del matrimonio no hubiesen aparecido.

La teoría Queer , tomó entre otras, las ideas de Derrida y del psicoanálisis de Lacan (la que sostiene que el sexo es una norma). La teoría Queer problematiza y cuestiona la heterosexualidad normativa y explica cómo la construcción del sexo, el género y la sexualidad son un resultado de sistemas de poder. David Halperin sostiene que por definición, Queer es todo lo que séa “raro”, singular, diferente para la norma, para lo legítimo y dominante. “Queer” no se refiere a nada en particular, se tráta de una identidad sin escencia. No es necesariamente una mirada de la sexualidad, incluye cualquier identidad que pueda ser reinventada por un sujeto.

Judith Butler, la exponente más importante de ésta teoría, critíca el constructivismo y argumenta que la teoría de género reproduce el sistema binario (masculino/femenino) porque no toma en cuenta lo material (el cuerpo, el sexo). Señala que la distinción entre género y sexo significa que desde el principio no se relaciona el sexo biológico con el género. El género es visto como construido a raíz del sexo, no a raíz de la construcción cultural del sexo. Es decir, la materia (el sexo) sobre la cual está hecha el género (las construcciones culturales "hombre", "mujer", etc.) es representada como lo “real”, lo “verdadero”. Esto es una ilusión a la que los cuerpos tienen que adaptarse pero no simpre es posible en la práctica, dice Butler.

El sexo, una construcción

Butler sostiene que el sexo es una construcción cultural y social al igual que el género. Para ella es problemático definir el género como la construcción cultural del sexo si es que el sexo en sí es una categoría definida en términos de género (construidos culturalmente). Ha sido criticada porque se dice que no toma en cuenta las diferencias biológicas que influyen de manera distinta en las vidas de los hombres y las mujeres. Como por ejemplo, el hecho de que las mujeres pueden quedar encintas y los hombres no. En éste punto, lo que Butler cuestiona es la problemática de la reproducción como central en la diferencia sexual del cuerpo, ya que no todas las mujeres pueden (o quieren) quedar encintas, por lo tanto no es un rasgo sobresaliente del cuerpo o del ser mujer. Butler piensa que la diferencia sexual del cuerpo se debe a la imposición de una norma, no a una descripción neutral de restricciones biológicas. No niega ciertas clases de diferencias biológicas, pero se pregunta bajo qué condiciones discursivas e institucionales, ciertas diferencias biológicas se convierten en las características sobresalientes del sexo, cómo es que el sexo en sí mismo puede ser construido como norma, y cómo una norma materializa realmente un cuerpo.

Butler comparte con Wittig la idea de que el sexo es una categoría política, algo impuesto por una norma de reproducción obligatoria. La diferenciación entre lo masculino y lo femenino se alcanza a través de la heterosexualidad, la norma heterosexual normaliza el género como una relación binaria en donde lo masculino es distinto de lo femenino. La identidad de género se crea a través del tabú en un contexto donde la heterosexualidad es idealizada. Esto significa una imagen falsa de las categorías de género, representadas como estables. La construcción de un género estable esconde el hecho de que existen géneros que no coinciden con el sistema binario, señala Butler. Aunque fuera así que las categorías fueran binarias, dice ella, no significa que el género se limíta a dos categorías. Un sistema binario estable de categorías de sexo no significa tampoco que los hombres automáticamente tendrán cuerpos de "hombre", o que las mujeres, cuerpos de "mujer".

El sistema binario de género guarda la idea de una relación imitativa entre sexo y género, en donde el género refleja al sexo y por eso es limitado por éste. Pero cuando se le dá al género un estatus independiente del sexo, el género queda libre, con la consecuencia de que “hombre” teoréticamente podría ser expresión de un cuerpo de mujer. Ver el género como independiente del sexo abre la posibilidad de ver más categorías que "hombres" y "mujeres". Se hace entonces problemático hablar de un determinado sexo o género sin preguntare antes cómo se construyen el sexo y el género.


Teoría Queer y Feminismo

Butler argumenta que el feminismo ha cometido un errór al tratar de declarar que las “mujeres¨son un grupo homogéneo con intereses y características en común, porque eso implica una regulación y reificación de las relaciones de género, refuerza la mirada binaria en la cual los individuos están divididos en hombres y mujeres. En consecuencia, el feminismo ha cerrado las posibilidades de las personas a formar y elegir su propia identitad individual, dice ella. Butler critica al feminismo por asumir que los géneros masculino y femenino podrían ser construidos sobre cuerpos “masculinos” y “femeninos”, lo que no deja lugar para la elección, la diferencia o la resistencia. Tambien es crítica de la teoría del psicoanálisis que explica la elección del deseo sexual (Edipo). Para ella, ésta explicación no déja lugar para variaciones, para influencias alternativas en personas diferentes, en distintas situaciones.


Para ella, el género no es un aspecto escencial de la identidad, si no que debe ser visto como una performance, es decir como una acción, una variable no estable, que cambia en diferentes contextos y en distintas épocas.

“ No existe la identidad género detrás de las expresiones…la identidad es performativamente constituida por esas expresiones que se dice son sus resultados”, dice Butler.

Según ella, todos hacemos performances de género, por lo tanto no se tráta de hacer o no hacer una performance, se tráta del tipo de performance que hacemos. Eligiendo ser diferentes, se podría ayudar a cambiar las normas binarias y lo que se entiende por “masculino” y “femenino”. Argumenta que el modo de percibir los roles de género se basa en la desigualdad entre los sexos, y que si se deconstruye la forma de ver los roles de género, se podría llegar a hacer cambios en la cultura política. Es decir, si no hubiesen roles convencionales para cada género, gradualmente la sociedad cambiaría hasta llegar a ser más igualitaria.

Butler critíca a la feminista Catherine Mackinnon, porque en sus teorías las relaciones sexuales de subordinación establecen categorías de género diferenciales. Es decir a los “hombres” se les define como los que ocupan una posición social dominante y a las “mujeres” como las subordinadas, lo que no da lugar a que las relaciones sexuales se puedan teorizar fuera de las estructuras de las diferencias de género. Butler propóne replantear la oposición entre la sexualidad y el género para repensar los límites entre la teoría queer y el feminismo. Para Butler, no se puede separar la sexualidad de las normas de género, y es obvio que las relaciones de subordinación sexual no determinan la posición de género.

La relación entre las prácticas sexuales y el género no está determinada estructuralmente, pero Butler sostiene que se deben considerar a las dos dentro de una relación recíproca. La relación entre género y sexualidad se negocia en parte a través de la relación entre identificación y deseo, dice ella. Si identificarse como mujer no implica necesariamente desear a un hombre, y si desear a una mujer no implica necesariamente una identificación masculina, entonces la matriz heterosexual resulta ser una lógica imaginaria que continuamente produce su propia ingobernabilidad, dice Butler. Además, no hay una feminidad con la que identificarse, o sea la feminidad podría ofrecer formas de identificación, como por ejemplo la lesbiana femme. La performatividad entonces debe interpretarse como la posibilidad de dar nuevos significados a términos de poder, no como autoexpresión ni como autopresentación.

Gayle Rubin examina las teorías psicoanalíticas freudianas y posfreudianas de la sexualidad de las mujeres. Para ella, el psicoanálisis es una descripción de la deformación de los niños andrógenos y bisexuales en hombres y mujeres, y de “la transformación de la sexualidad biológica en los individuos al ser aculturados”. Sostiene que la sexualidad es un campo autónomo, que el género no concibe abarcar todo sobre sexualidades. Señala que el género resulta ser reductor, y plantéa que los Estudios Gay y Lésbicos deben ser autónomos, no entrar en el debate feminista de género.

Monique Wittig sostiene que las mujeres deben tomar distancia de la definición "mujer" que les es impuesta. Ella tambien sostiene que para que una sociedad cambie verdaderamente, los sujetos tienen que cambiar. Según ella, las mujeres se convierten en sujetos cuando descubren que son sujetos de opresión y apropiación. La conciencia de la opresión no es sólo una reacción de la opresión, tambien es toda la reevaluación del mundo social, una operación de entender la realidad que debe ser emprendida por todas las mujeres, por medio del lenguaje. La necesidad de existir como individuo, y también como miembro de una clase, puede ser la primera condición que dé paso a una revolución. Pero, como sin clase y conciencia de clase no hay verdaderos sujetos (solamente individuos enajenados), se debe mostrar que todos los problemas supuestamente personales son de hecho problemas sociales, problemas de clase, dice Wittig. Que la sexualidad para las mujeres no es una expresión individual y subjetiva, sino una institución social de violencia.

El surgimiento de sujetos individuales exige arruinar las categorías de sexo y rechazar las ciencias que aún las utilizan como fundamentos, dice Wittig. Para ella, el lesbianismo ofrece en este momento la única forma social en la que las mujeres pueden vivir libremente. La lesbiana está más allá de las categorías de sexo, porque no es una ´mujer´ económicamente, ni políticamente, ni ideológicamente. Para Wittig, ser lesbiana es ser prófuga de la clase ´mujeres´, como lo eran los esclavos afroamericanos que se fugaban y se eliberaban. Ella sostiene que para lograr la supervivencia y alcanzar la destrucción de la clase ´mujeres´, en la que los hombres se apropian de las mujeres, hay que alcanzar la destrucción del sistema social heterosexual que se basa en la opresión de las mujeres. Jeffrey Weeks define como lesbiana política a las mujeres que se hacen lesbianas por una opción política, como una forma de protesta en contra del patriarcado. En este caso, para ella lo político es más importante que el deseo. Finalmente, para Judith Butler, no solamente la norma de la heterosexualidad es poco convincente. Si no todas las normas sexuales.

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lunes, junio 04, 2007

Entrevista a Judith Butler

"No solamente la norma de la heterosexualidad es poco convincente. Si no todas las normas sexuales."

"Elaborarse en una cierta posición sexual, o recitar una cierta posición sexual, implica siempre ser alcanzado por la que se excluye."




Peter Osborne y Lynne Segal (1994), Regina Michalik (2001)

Traducción: Marcela Vera O.



El movimiento "queer" ("raro", "diferente") refiere a una corriente de pensamiento y de estudios para la comprensión de la diversidad de sexualidades y expresiones culturales. El elemento definitorio de los estudios queer proviene de una posición de resistencia.

Judith Butler es profesora del departamento de retórica y literatura comparada de la Universidad de California, Berkeley, y una de las teóricas más destacadas de lo Queer que, radicalizando los instrumentos teóricos elaborados por Foucault, Derrida, Lacan, Beauvoir y Wittig, propuso a finales de los 80 una de las lecturas filosóficas más incisivas sobre la identidad de género y sexual: el género lejos de ser una verdad anatómica o psicológica aparece en su clásico "El género en disputa" como una ficción cultural, como el efecto performativo de una repetición estilizada de actos que acaban naturalizándose y produciendo la ilusión de sustancia.

RP: ¿Podrías decir algo sobre la distinción de sexo-género?

Una de las interpretaciones que se han hecho de "El género en disputa" es que no existe el sexo, solo existe el género, y el género es performativo (se construye atraves de acciones repetitivas). La gente entonces tiende a pensar que si el género es performativo, éste es radicalmente libre. Y a muchos les ha parecido que la materialidad del cuerpo está vacía o ignorada o negada - o incluso rechazada. Así es que fué importante para mí en "Cuerpos que importan" volver a la categoría del sexo y al problema de la materialidad, y preguntarme cómo es que el sexo en sí mismo puede ser construido como norma. Ahora, lo tomo como una presuposición del sicoanálisis de Lacan, que el sexo es una norma. Pero no quise seguir estando restringida dentro del articulado de Lacan. Quise averiguar cómo una norma materializa realmente un cuerpo, cómo podríamos entender la materialidad del cuerpo no sólo siendo invertida en una norma, pero en cierto sentido animado por una norma, o contorneado por una norma. Así es que cambié. Pienso que eliminé la categoría del sexo demasiado rápido en "El genero en disputa". Intento reconsiderarlo en "Cuerpos que importan", y acentuar el lugar del constreñimiento en la misma producción del sexo.

No niego ciertas clases de diferencias biológicas. Pero pregunto siempre bajo qué condiciones discursivas e institucionales, ciertas diferencias biológicas - y que no son necesarias, dado el estado anómalo de cuerpos en el mundo - se convierten en las características sobresalientes del sexo. En ese sentido todavía estoy en acuerdo con la crítica del “sexo” como categoría política ofrecida por Monique Wittig. Todavía creo mucho en la crítica de la categoría del sexo y en las maneras en la cuales ha sido obligada por una institución tácita de reproducción obligatoria.

No solamente la norma de la heterosexualidad es poco convincente. Si no todas las normas sexuales. Pienso que toda posición sexual es fundamentalmente cómica. Si dices “puedo desear solamente a X”, lo que has hecho inmediatamente, en presentar el deseo exclusivamente, es crear todo un sistema de posiciones que son imposibles desde el punto de vista de tu identidad. Uno de los aspectos esenciales de la comedia se dá cuando al final terminas ocupando una posición que acabas de anunciar como imposible. Eso es divertido. Hay una terrible subversión de sí misma en eso.

Cuando se debatía sobre los gays en la armada en la televisión de los EEUU, un senador se levantó y dijo riendo: “debo decir que sé muy poco sobre homosexualidad. Pienso que sé menos sobre homosexualidad que sobre todo lo demás en el mundo.” Fué un gran aviso de su ignorancia sobre la homosexualidad. Luego se lanzó inmediatamente en un monologo homofóbico que daba a entender que él pensaba que los homosexuales solamente tienen sexo en los baños públicos, que son todos flacos, que son todos varónes, etc, etc. Lo que tenía realmente era una relación muy agresiva y bastante obsesiva con la homosexualidad, sobre la cual por supuesto él no sabía nada. En ese momento te das cuenta de que esa persona que declara no tener nada que ver con la homosexualidad, de hecho está completamente preocupada por ella.

Pienso que elaborarse en una cierta posición sexual, o recitar una cierta posición sexual, implica siempre ser alcanzado por la que se excluye. Y cuanto más rígida la posición, cuanto mayor es el fantasma, y más amenazador lo es de cierta manera. No sé si eso es un punto Foucauldiano. Es probablemente un punto psicoanalítico, pero eso no es importante para mí.

RP: ¿Se podría aplicar esto a la relación de los homosexuales con la heterosexualidad?

Sí, absolutamente.

RP: Aunque probablemente no de la misma forma…

Sí, hay un problema distinto allí, y es difícil. Cuando una mujer durante mi charla dijo: “sobreviví el feminismo lesbiano y todavía deseo a las mujeres”, pensé que era una muy buena frase, porque uno de los problemas ha sido el requisito normativo que ha emergido dentro de algunas comunidades lesbiano-feministas de emerger con una sexualidad lesbiana radicalmente específica. (Por supuesto, no todo el feminismo lesbiano, pero una parte de éste.)

Las lesbianas se hacen a sí mismas en una comunidad política más frágil, insistiendo en la irreductibilidad radical de su deseo. No pienso que cualquiera de nosotros tenga deseos irreduciblemente distintos.

Hay una noción muy específica del género implicada en la heterosexualidad obligatoria: una cierta visión de coherencia de género desde la cual lo que una persona siente, la manera en la que la persona actúa, y cómo se expresa sexualmente, es una articulación y consumación de un género. Es una causalidad y una identidad particular que consigue ser establecida como coherencia de género ligada a la heterosexualidad obligatoria. No es ningún género, o todo el género, es esa clase específica de género coherente.

Uno de los problemas con la homosexualidad es que presenta psicósis en algunas personas. Mucha gente siente que lo que son como egos en el mundo, cualesquiera que sean sus centros imaginarios, será disuelto radicalmente si se enganchan en relaciones homosexuales. Preferirían morirse a engancharse en relaciones homosexuales. Para esas personas la homosexualidad representa la perspectiva de la disolución sicopática del sujeto. ¿Cómo distinguir ese rechazo fóbico a la homosexualidad de lo que Zizek llama el verdadero - dónde el verdadero es el que está fuera del pacto simbólico y que amenaza al sujeto dentro del pacto simbólico con psicosis?

RM: Judith, Ud. se denomina feminista - ¿Cómo identifica su trabajo? ¿Considera que hacer filosofía es parte del movimiento feminista? ¿Es simplemente su trabajo? ¿O es algo político?

A veces es simplemente un trabajo filosófico, a veces es un trabajo político. Supongo que no es sólo político. Desde muy temprana edad he estado enseñando sobre feminismo, escribiendo acerca de temas feministas. Mi disertación fue sobre 'el deseo', que es una cuestión política, pero también filosófica. Siempre me he interesado por la tradición de la libertad sexual en el feminismo. Me han preocupado mucho las propuestas muy normativas o muy represivas del feminismo. Estoy en contra de las normativas y a favor de la libertad sexual. Siempre he odiado ese dicho que afirma que el feminismo es la teoría y el lesbianismo debe ser la práctica. Les quita sexualidad a las lesbianas. Yo me hice lesbiana a los catorce años y no sabía nada de política. Me hice lesbiana porque quise a alguien muy profundamente. Y luego me hice política a partir de ello, pero como resultado. Odio ese dicho, porque creo que las mujeres bisexuales y heterosexuales dentro del movimiento feminista deben ser respetadas, conjuntamente con sus deseos

RM: ¿Te ves antes que nada como feminista o como teórica queer?

Diría que soy una teórica feminista antes que una teórica queer o que una teórica de Estudios gays y lesbicos. Mis compromisos con el feminismo son probablemente mis principales compromisos. "El género en disputa" era una crítica a la heterosexualidad normativa dentro del feminismo, y mi audiencia era feminista en su mayoría. Cuando escribí el texto no habían Estudios gay y lesbicos, que yo sepa. Cuando salió el libro, la segunda conferencia anual de estudios gay y lésbicos fué en los E.E.U.U., y ocurrió de una manera que nunca me hubiese imaginado. Recuerdo haberme sentado al lado de alguien durante la cena, que me dijo que trabajaba con teoría queer. Y dije: ¿Qué es la teoría queer? Él me miró como si estuviera loca, porque pensó evidentemente que yo era parte de eso llamado teoría queer. Pero todo lo que yo sabía era que Teresa de Lauretis había publicado un articulo en la revista Differencies, llamado Teoría Queer. Pensé que era algo que ella había inventado. Ciertamente nunca se me ocurrió que yo era parte de la teoría queer.

Tengo algunos problemas con esto, porque pienso que hay un cierto contra-feminismo en la teoría queer. También, en cuanto a que alguna gente dentro de la teoría queer quiere afirmar que el análisis de la sexualidad se puede separar radicalmente del análisis de género, estoy muy en desacuerdo con ellos. El nuevo Gay and Lesbian Reader de Routledge comienza con una serie de artículos que afirman eso. Pienso que la separación es un gran error. El trabajo de Catharine MacKinnon instala una relación causal tan reductora entre la sexualidad y el género, que la pone en una versión extrema del feminismo que debe ser combatida. Pero creo que combatirlo con una teoría queer que se desasocia del feminismo tambien es un gran error.

RM: El movimiento "queer", lo ve como radicalmente democrático y sexualmente progresista?

Si, pero no siempre es democrático, puede caer en los mismos patrones que otros movimientos. Cuando surgió realmente suspendía la cuestión de identidad. Algunas personas dicen que es un juego moderno, jugando a los sexos y ese tipo de cosas. No creo que eso sea verdad. Creo que políticamente es la bancarrota de las políticas de identidad y que demuestra que debemos pensar como coalición para que las cosas se hagan. Que no importa con quién dormimos. El movimiento queer era anti institucional con una crítica a la normalización: uno no tiene que volverse normal para convertirse en alguien legítimo.

Para mí "queer" es un expresión que desea que uno no tenga que presentar una tarjeta de identidad antes de ingresar a una reunión. Los heterosexuales pueden unirse al movimiento queer. Los bisexuales pueden unirse al movimiento queer. Ser queer no es ser lesbiana. Ser queer no es ser gay. Es un argumento en contra de la especificidad lesbiana. Que si soy lesbiana tengo que desear de cierta forma, o si soy gay tengo que desear de cierta forma. Queer es un argumento en contra de cierta normativa, de lo que una adecuada identidad lesbiana o gay constituye.

RP: Quisiéramos terminar por preguntarte cómo ves el futuro del feminismo.

Catharine MacKinnon se ha hecho tan poderosa como la portavoz pública del feminismo, internacionalmente, que pienso que el feminismo va a tener que comenzar a producir alternativas poderosas a lo que ella dice y hace - aternativas que puedan reconocer su fuerza intelectual y no demonizarla, porque pienso que hay un animus contra-feminista contra ella, que una debe tener cuidado de no animar. Ciertamente, el paradigma de la persecución, el énfasis excesivo en pornografía, la insensibilidad cultural y la universalisacón de las “derechas” - todo eso debe ser contradicho por posiciones feministas fuertes.

Lo necesario es un concepto dinámico y más difuso del poder, comprometido con la dificultad de la traducción cultural, así como una rearticulación de la “universalidad” en direcciones no-imperialistas. Éste es trabajo difícil y ya no es viable buscar recurso en modelos simples y paralizantes de la opresión estructural. Pero tambien, en oponerse a un concepto dominante del poder dentro del feminismo, aún estoy “en” o “fuera” del feminismo. Y es esta paradoja que tiene que ser trabajada, porque no puede haber pura oposición al poder, sólo una reelaboración de sus términos desde recursos invariablemente impuros.


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miércoles, febrero 28, 2007

La aldea de las mujeres

Una aldea de mujeres en Kenia es un signo del auge del feminismo en África: Umoja.

Sentada a la sombra, con las piernas cruzadas en una esterilla de sisal curtido, Rebecca Lolosoli, matriarca de una aldea exclusivamente de mujeres, tomó la mano de la asustada chica de 13 años. La niña debía casarse con un hombre tres veces mayor, y Lolosoli le dijo que no estaba obligada a hacerlo.


Emily Wax



El hombre era el hermano de Lolosoli, pero no importaba. Este es un trozo de África donde mandan las mujeres.
"Eres una niña. Él es un viejo", dijo Lolosoli, que da refugio a niñas que escapan de matrimonios forzados. "Las mujeres no tienen por qué seguir aceptando este sin sentido".

Hace diez años, un grupo de mujeres fundó la aldea de Umoja, que significa ‘unidad' en swahili, en un campo no deseado de hierba seca.

Las mujeres dijeron que habían sido violadas y, como resultado, abandonadas por sus maridos que dijeron que había deshonrado la comunidad. Picada por el tratamiento, Lolosoli, una mujer carismática y segura de sí misma con una campanuda corona de pelo negro, decidió que ningún hombre viviría en su aldea circular de chozas de barro y estiércol.

En un acto de despecho, los hombres de su tribu empezaron a construir su propia aldea al otro lado del camino, a menudo vigilando las actividades en Umoja y espiando a sus contrapartes femeninos. Lo que empezó como un grupo de mujeres sin casa buscando un lugar dónde vivir solas, se convirtió en una exitosa y feliz aldea. Aquí viven unas tres docenas de mujeres y dirigen un centro cultural y un camping para turistas que visitan desde la adyacente Reserva Nacional Samburu.

Umoja ha florecido, atrayendo finalmente a tantas mujeres que buscan ayuda que incluso contratan a hombres para ir a recoger leña, una ocupación tradicionalmente femenina. Los hombres en la aldea rival también intentaron construir un centro cultural y turístico, pero no tuvieron demasiado éxito.



Pero las mujeres se sintieron alentadas con los beneficios de su camping y su centro cultural, donde venden artesanía. Por primera vez fueron capaces de enviar a sus hijos a la escuela, comer bien y rechazar las peticiones masculinas de que sus hijas sean circuncisadas o casadas. Se hicieron tan respetables que las mujeres con problemas, algunas golpeadas, algunas tratando de divorciarse, empezaron a aparecerse por este pequeño villorrio al norte de Kenia. Lolosoli fue incluso invitada a Naciones Unidas para asistir a una reciente conferencia sobre asertividad de género en Nueva York.

"Eso fue cuando empezó a actuar la gente celosa", dijo Lolosoli, agregando que los hombres de la localidad habían amenazado con matarla, antes de su viaje a Nueva York. "Me dijeron, francamente, que querían matarme", dijo Lolosoli, riendo porque pensaba que la idea era muy exagerada. Sebastian Lesinik, el jefe de la aldea masculina, también rió, describiendo la clara división que veía entre hombres y mujeres. "El hombre es la cabeza", dijo. "La dama es el cuello. Un hombre no puede, digámoslo así, pedir consejo a su cuello". "Está poniendo en cuestión nuestra cultura", dijo Lesinik en una entrevista en un bar una abrasadora tarde. "Es lo que está de moda en estos tiempos modernos. Mujeres problemáticas como Rebecca".

Con una mezcla de sentido común femenino y el goteo de influencias del mundo exterior, ha crecido una versión del feminismo junto a niveles extremos de violencia sexual, la batalla contra el VIH-SIDA y la secuelas de las guerras, que han cambiado todos de maneras sorprendentes el papel de la mujer.



Se ha presentado al parlamento de Kenia un paquete de nuevas leyes para dar a las mujeres derechos sin precedentes para rechazar propuestas de matrimonio, luchar contra el acoso sexual en el trabajo, rechazar la mutilación genital y perseguir la violación, un acto tan frecuente que los líderes kenianos lo califican como el problema de derechos humanos más grave del país. La pena más severa, conocida como ‘proyecto de ley de castración química', castrará a violadores condenados repetidas veces y enviados a prisión de por vida.

En la vecina Uganda, miles de mujeres están manifestándose este mes a favor de la Ley de Relaciones Familiares, que les darían derechos legales específicos si sus maridos tomaran una segunda mujer, en parte debido al temor de contraer el VIH.

Once años después del genocidio en Ruanda, en el que se calcula que murieron 800.000 personas, las mujeres en el país ocupan el 49 por ciento de los escaños en la Cámara Baja del parlamento. Muchas de ellas son viudas de la guerra que dicen que se sintieron compelidas a levantarse en protesta después de que líderes masculinos dirigieran a la mayoría hutu en la matanza de 1994 de los miembros tutsi.

En todo el continente en África Occidental, las mujeres nigerianas están presionando fuertemente para la nominación de más mujeres políticas, incluyendo al presidente en 2007, diciendo que los hombres no han sabido dirigir propiamente al país. Concentrándose en la cumbre del Grupo de los Ocho en Escocia esta semana, las activistas dijeron que esperaban que la ayuda internacional para África incluya el financiamiento de las mujeres que reclaman sus derechos en tribunales y más representación en las cámaras.



"Estamos en el inicio de algo importante para las mujeres africanas", dijo Margaret Auma Odhiambo, dirigente del grupo más grande de viudas de Kenia. Los miembros son mujeres cuyos maridos han muerto de complicaciones relacionadas con el SIDA.
Los esfuerzos de Lolosoli para pedir cambios en su parte del continente muestra las dificultades de cambiar el ritmo y estructura de poder en la vida de la aldea. Antes de que Lolosoli asistiera a la conferencia de Naciones Unidas, iba de casa en casa en la cercana ciudad de Archer's Post, diciéndoles a las mujeres que ellas tenían derechos, como el de negarse a tener sexo con sus maridos si ellos las golpeaban o maltrataban.

"Una mujer no es nada en nuestra comunidad", dijo, refiriéndose a los miembros de su tribu, incluyendo a los hombres en la aldea al otro lado del camino. "No puedes responder a los hombres o hablar con ellos, tengas o no razón", dijo. "Eso tiene que cambiar. Las mujeres tienen que exigir sus derechos y entonces nos respetarán. Pero si te quedas callada, todo el mundo piensa que no tienes nada que decir. Y nuevamente, yo no me hice popular diciendo lo que decía".

En la conferencia de Naciones Unidas en Nueva York, dijo Lolosoli, ella y otras mujeres de todo el mundo se unieron mientras ellas miraban un episodio de ‘Oprah' que giraba sobre las mujeres, la agresión verbal y el adulterio.

"No haces más que llorar", suspiró Lolosoli, que dijo que muchos hombres de su tribu todavía tienen varias esposas. "Nuevamente, lo que me inspiró fue que muchas mujeres hacen frente a retos de este tipo y los superan".



Cuando volvió a Kenia armada con ideas y manuales de adiestramiento en asertividad, se plantó en sus treinta incluso cuando algunos hombres interpusieron una denuncia en tribunales, tratando de prohibir la aldea de mujeres.

"Yo simplemente negaba a los hombres cuando me lanzaban amenazas indirectas y preguntaban: ‘¿Estás bien? ¿Están bien tus hijos? ¿Están bien tus vacas?'", dijo. Su táctica y calmada reacción los desarmó, recordó. "Después de todo, no nos iban a parar". Lolosoli está todavía peleando con su hermano por su intento de casarse con una niña de 13. Pero en los últimos tiempos los hombres de la aldea han empezado a admitir su derrota. Ya no están tratando de atraer a los turistas. Algunos se han mudado. Otros han tenido problemas para casarse porque algunas mujeres en el área están siguiendo el ejemplo de Lolosoli.

"Pero ella ha tenido éxito, es verdad", suspiró Lesinik, que dijo que él está quizás un poco celoso. Luego se encogió de hombros y dijo: "Quizás podemos aprender de nuestros cuellos. Quizás podemos aprender un poco"

©washington post
©traducción mQh

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