domingo, marzo 29, 2009

Cuando las mujeres hacen algo












Marcela Vera O.

Siendo nuestra Presidenta de la Republica parte de aquella población que resulta que tiene un sexo que difiere de la norma, el debate en torno a la política en nuestro país, a menudo adquiere un tono biologista. No es tan sólo que algunos rayados en las murallas hacen alusiones a la sexualidad y al sexo dede la Presidenta, tambien los papparazzis y los medios de comunicaciónes se centran en su cuerpo. Bueno, y para qué hablar del diminutivo de ”la Gordi”, que repiten gentes de todos los estratos sociales, de derecha a izquierda...Es que los hombres siempre son caras, mientras que las mujeres sólo son cuerpo.

De la misma manera, a menudo cuando las mujeres hacen algo se las juzga como el colectivo ”mujeres”, y no como individuos. Kerstin Nerbe, directora de orquesta simfónica, describe este fenómeno. Al comienzo de su carrera, cada vez que tenía que dirigir una orquesta sentía que estaba cargando sobre sus espaldas todo el peso, de todas las mujeres del mundo. Si fracasaba, todos dirían: ”viste, las mujeres no saben dirigir”.Que hoy en día tengamos presidentas en varios países del mundo (indiferentemente de nuestra opinión sobre la política de cada una de ellas), quiere decir que han llegado allí gracias al merecido reconocimiento de su esfuerzo y capacidades, no porque haya una especie de ”trend”, una moda o corriente femenina en el mundo, como se dice a veces en la prensa. Mucho menos aún, porque sean flacas y esbeltas...

Margot Wallström, vicepresidenta de la Comisión de la Unión Europea, dice que mientras la política esté dominada por los hombres, se necesitan redes para movilizar el apoyo a las mujeres políticas que abogan por soluciones políticas distintas. Algo que falta por estos lares, donde se culpa a la Presidenta hasta de los fenómenos de la naturaleza. Pero ahí está el problema, que en una sociedad como la nuestra las mujeres a menudo también se prestan para descalificar a otras mujeres según los prejuicios atribuidos a ellas por tener un sexo fuera de la norma. Falta “sisterhood”, falta suroridad. Es decir, falta autoestima.

Margot Wallström antes fue ministra de la cultura, ministra de asuntos sociales, ministra de asuntos civiles, y encargada de la comisión de la Unión Europea para el medio ambiente. Participa en el Consejo de Mujeres Lideres del Mundo, donde también participa Michelle Bachelet y otras mandatarias y ex-mandatarias, como Angela Merkel, Tarja Halonen, Gro Harlem Brundtland, Corazon Aquino, etc. El Consejo ha existido durante 10 años y tiene como finalidad accionar frente a los temas referentes a la problemática de las mujeres y al desarrollo equitativo. Persigue apoyar el liderazgo femenino, y refortalecer la democracia global a través de aumentar la cantidad, la fuerza y la visibilidad de las mujeres que son líderes en la política.

Dentro del Consejo existe la Iniciativa Ministerial, que reúne a ministras y otras mujeres líderes de siete sectores, cada uno con su red: medio ambiente, economía, desarrollo, igualdad de género, salud, y cultura. Una función importante es la de ayudar a desarrollar las capacidades de las líderes jóvenes, en conjunto con las mejores universidades. Uno de los programas especiales está destinado a las mujeres de los países alrededor del Pacífico.

Para la campaña electoral del 1999 en Suecia, Margot Wallström y Göran Persson (quien fue primerministro), eran los dos representantes de la socialdemocracia que postulaban al poder. Las conferencias de prensa en la que aparecían los dos, hoy son puestas como ejemplo de las conocidas técnicas de dominación masculina: cuando Wallström hablaba, Persson miraba para otro lado, jugaba con el micrófono, se mostraba poco interesado y aburrido. Es la misma actitud con la que innumerables veces se ha encontrado Michelle Bachelet como ministra y presidenta, según sus propios relatos. Wallström dice que después de 30 años en la política ha aprendido a ignorar esos trucos de mal gusto que persiguen menospreciarla como política y como persona. Wallström señala que existe una cultura trabajólica que no beneficia a las mujeres. El cuerpo de la mujer y su capacidad reproductiva no encája en la norma.

La hostilidad hacia las mujeres en las esferas políticas se muestra en lo que no se hace: no se designan mujeres consejeras, ministras, directoras, o en otros puestos altos. Pero tambien se muestra en ignorar lo que las mujeres sí hacen. Por ejemplo, en los medios de comunicación chilenos rara vez se escribe todo lo que Bachelet hace de bien, sin embargo está muy presente lo que NO hace, o lo hace mal. Todo lo positivo que Bachelet hace, en la prensa brilla por su ausencia, pero lo demás se recalca y se repite. Por lo demás, como muchas cosas positivas que ha hecho Bachelet durante su gobierno favorecen a las mujeres, estas parecen no tomarse en cuenta, ya que “no son importantes”. Lo importante es el Transantiago. Tambien las herencias que nos dejó Pinochet.

Lo que más extraño me parece de esto, es que mucha gente de izquierda reproduce este discurso incompleto y monotemático de los medios. ¿Dónde quedó la mirada crítica de los medios de comuncicación? No lo sé. Todavía se reconoce que los medios de comunicación están en manos de la derecha, sin embargo, ya no se les reclama la falta de objetividad. A mí, hay noticias e imágenes que se me han ido quedando en la memoria, como cuando el Presidente de Uruguay visitó nuestro país hace menos de un par de años atrás. La foto en toda la página de un diario era esta: Él, tremendo de alto, y a un lado, esa persona bajita, que es nuestra presidenta.

No es tan sólo que en general no se reconoce que la gran parte del poder lo tiene el parlamento, y no la presidenta, que otro tipo de poder también lo tiene la prensa, y que cada una/o de nosotras también tiene la posibilidad de producir cambios en nuestro entorno social. En estos días pareciera ser mucho más importante la mujer Bachelet en traje de baño, que la política de la Presidenta. Porque tampoco puede ser que se piense que porque antes de irse a trabajar se da un chapuzón en el agua, significa que no trabaja... O sea,... hasta donde tiene que llegar la superwoman. Por suerte no la han agobiado más con la preguntita del marido o el pinche, como durante su campaña electoral. Pero ahora se trata de que, bueno ya. No tiene un hombre. Pero entonces que gobierne como un hombre. Porque a eso estamos acostumbrados, a que nos manden. Que gobierne como la Thatcher, para después poder decir: “viste, son todas iguales”…

publicado en Crónica Digital:
http://www.cronicadigital.cl/modules.php?name=News&file=article&sid=14231

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viernes, junio 20, 2008

Ley contra el sexismo publicitario



Mikael Kulle, DN/Ekonomi

Tras un estudio hecho por el gobierno de Suecia, se llegó a la conclusión de que es necesaria una ley para poner fin a la publicidad sexista.


La publicidad no debe ser sexista, los mensajes que sean concebidos como ofensivos para hombres y mujeres, serán prohibidos. Así dicta la propuesta de ley que se ha presentado al parlamento, y que vendría a valer a partir del próximo año.

- Es importante mostrar la posición de la sociedad ante la discriminación, dice Eva-Maria Svensson, quien ha investigado el tema de la publicidad sexista desde el año 2006.

A quien no cumpla con la ley se le prohibirá usar el comercial, aunque tambien se podría contar con multas. La persona responsable de que se haga cumplir esta ley, será el Ombudsman del Consumidor.

En el texto de la ley, la discriminación según el sexo se define como un relato de características sexuales o roles, que “en general” se conciben como ofensivos para las mujeres o los hombres. La investigadora considera que está claro a qué tipo de comerciales se refiere el texto.

- A pesar de que hoy en dia no existe una ley que lo regule, existe indirectamente una buena noción de lo que es discriminación sexual en la publicidad, dice Ana-Maria Svensson.

Pero como se distinguirá lo que en general se concibe como ofensa?

- La puesta en práctica de la ley decidirá qué es lo que se considerará discriminador. Siempre se trata de una estimación que hay que hacer desde el texto de la ley.

En el estudio se define lo que se considera discriminador. Algunos ejemplos son: los comerciales con insinuaciones sexuales, la estereotipización de los roles sexuales, las mujeres usadas con el fin de captar la mirada...

Según el estudio, el Consejo Ético contra la Publicidad Discriminatoria (ERK) no ha logrado su propósito, y ahora recibe críticas.

- Han trabajado retroactivamente, pero no han sido muy activos. Posiblemente sería peor sin ellos, pero pienso que podrían haber hecho más, dice Eva-Maria Svensson.

La investigación propone que ERK siga su trabajo, con algunos cambios. Necesitan cambiar su composición, ser más visibles y aportar a la opinión pública.

Aparte de establecer la ley, tambien se propone que el Servicio Nacional del Consumidor exponga la magnitud de la publicidad, y que la Dirección Nacional de Educación Escolar y la Dirección de Educación Superior, evalúen la educación en crítica de los medios.

Enero 2008. Traducción Marcela Vera O.


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jueves, marzo 06, 2008

Planificación urbana y género












Marcela Vera O.

La planificación de la ciudades se ha hecho partiendo de las experiencias y perspectivas masculinas. Nuestro diario vivir está dividido entre el lugar donde vivimos, donde trabajamos, donde hacemos las compras, y donde nos relacionamos con las amistades. En ninguna planificación de los espacios urbanos se toma en cuenta las diferencias en las experiencias de los hombres y las mujeres, que existen a causa de los distintos roles que se les ha impuesto en la sociedad.

Los estudios que se han hecho en distintos países, sobre mobilidad, planificación urbana y género, muestran que los dos géneros ocupan su tiempo de distinta manera y también se trasladan de distinta forma entre su casa, el trabajo y el servicio público. Por ejemplo, las mujeres hacen más viajes relacionados con la crianza, la salud y las compras, y se mueven mayormente fuera del centro de la ciudad. Los dos géneros tambien tienen distintas costumbres en el tráfico, y las mujeres son las que más utilizan las bicicletas y el transporte público, a diferencia de los hombres, quienes más utilizan los autos y el trasporte privado. Por consecuencia, las mujeres son las que más se sienten expuestas e inseguras al trasladarse de un lugar a otro, en especial en los trechos que hacen a pié por lugares poco iluminados.


La distancia entre el hogar y el trabajo también es distinta para hombres y mujeres, y la zona geográfica del campo laboral es más reducida para las mujeres que para los hombres.
Las distintas experiencias tambien existen en lo que se refiere al tamaño y la organización de la vivienda. Por ejemplo, a causa de que las mujeres generalmente son las que tienen la responsabilidad de la casa, en general ellas perciben el espacio del hogar como más estrecho de lo que lo perciben los hombres.

La planificación urbana ha de hacerse en conjunto con los ciudadanos para lograr una igualdad en lo que se refiere al ambiente en torno al lugar donde se vive y se trabaja, y la funcionalidad en el diario vivir. Para ello se requiere tener en cuenta que los hombres y las mujeres tienen distintas experiencias, tener conciencia de que existen distintas formas de planificar (que pueden ser menos, o más aptas para lograr un equilibrio), y tener la voluntad de utilizar formas alternativas. De igual manera es posible crear un lugar más amable y saludable preocupandose más del medio ambiente. Otros aspectos importantes que se deberían tomar en cuenta en la planificación son: la etnicidad, el nivel socioeconómico y la edad de los ciudadanos, como por supuesto, el nivel de capacidad física de las personas.

En algunos países desarrollados se han creado planes para que haya más igualdad en la planificación urbana, y se hacen cursos de capacitación y seminarios sobre temas de género para los políticos, arquitectos, investigadores y planificadores.

A raíz de esto, una mujer le preguntó al Ombudsman para la Igualdad Sexual, en Suecia:
- ¿Y qué piensan hacer con todas las señalizaciones del tráfico?, aludiendo a que todas las figuras de las señaléticas son hombres.

- Yo no puedo hacer mucho, pero es cierto que es hora de cambiarlas…

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lunes, febrero 18, 2008

Índice de la brecha de género


















LOS PAÍSES NÓRDICOS ENCABEZAN EL ÍNDICE DE LA BRECHA DE GÉNERO DEL WORLD ECONOMIC FORUM

Cuatro países nórdicos, Suecia (1), Noruega (2), Finlandia (3) e Islandia (4) encabezan, una vez más, el último índice de la brecha de género, dada a conocer últimamente por el World Economic Forum.

Otro país nórdico, Dinamarca, ocupa el lugar nro. 8. Los cinco países nórdicos siguen ocupando los primeros 10 lugares, como el año pasado. Si bien ningún país ha llegado a alcanzar una completa igualdad entre los sexos, Suecia, Noruega y Finlandia han logrado terminar con el 80% de las desigualdades, sirviendo de buen referente para las comparaciones internacionales.

Los países nórdicos se destacan en las cuatro áreas del Global Gender Gap Index. Suecia, Noruega, Finlandia e Islandia, tienen los mejores logros en el índice de poder político, mientras que Dinamarca ocupa el 13avo lugar. En lo que se refiere a participación y oportunidades, Suecia y Noruega ocupan el 6to y 10mo lugar respectivamente, entre 128 países estudiados. Dinamarca ocupa el 18avo lugar, Finlandia e Islandia ocupan los lugares 22 y 23, respectivamente.

Con la exepción de Finlandia, los puntajes en salud, poder político y logros académicos, no han cambiado para los países nórdicos, pero los cuatro países han aumentado los puntajes en la participación en la económia, motivada principalmente por una diminución de la desigualdad en la participación laboral y los salarios. Finlandia muestra un pequeño aumento en el puntaje referente al poder político, pero dentro del índice de la participación y oportunidades economicas, muestra una insignificante disminución en la desigualdad salarial.

El Global Gender Gap Report 2007 (Informe de la Brecha Global de Género 2007) fue presentado a fines del año pasado, e incluye perfiles detallados que brindan una introspectiva en lo que se refiere a los aspectos económicos, legales y sociales de la brecha de género en cada país. El Informe mide la dimensión de la brecha de género en cuatro áreas críticas de inequidad entre hombres y mujeres:

1) Participación y oportunidades económicas: revela resultados relativos a salarios, niveles de participación y acceso a puestos de trabajo calificado.

2) Logros académicos: revela resultados relativos al acceso a la educación básica y superior.

3) Poder político: revela el nivel de representación en estructuras con poder de decisión.

4) Salud y supervivencia: revela la relación entre expectativa de vida y género.

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Los mejores puntajes, entre 128 países:


Suecia………………………….81,46%
Noruega……………………….80,59%
Finlandia……………………..80,44%
Islandia………………………..78,36%
Nueva Zelanda…………….76,49%
Filipinas……………………….76,29%
Alemania……………………..76,18%
Dinamarca…………………..75,19%
Irlanda………………………...74,57%
España………………………...74,44%
Reino Unido………………...74,41%
Países Bajos………………...73,83%
Latvia…………………………..73,33%
Lituania………………………..72,34%
Sri Lanka……………………..72,30%
Croacia………………………..72,10%
Australia……………………...72,04%
Canadá………………………...71,98%
Bélgica………………………...71,98%
Sudáfrica……………………..71,94%


INFORMACIÓN MÁS DETALLADA AQUÍ (click)



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miércoles, septiembre 12, 2007

Máscaras de género

Máscaras de género: Delmira Agustini y Gabriela Mistral

"Gender Masks in Translation: Delmira Agustini and Gabriela Mistral"




Por Paula Bloom

(trad.: Marcela Vera)


Mi propuesta de tesis nació del deseo de combinar en la traducción, mis intereses en género y poesía. Comenzó con la lectura de Traducción y Género, de Luise von Flotow, donde ella relata cómo el género se ha convertido y continúa siendo un tema significativo en los estudios de traducción, terminando con un capítulo provocador de pensamiento, que sugiere proyectos para estudios futuros. Entre estos proyectos propuestos, el que encontré particularmente interesante es el re-estudio de las traducciones de la literatura escrita por mujeres. Esto me inspiró porque recordé un ensayo que había leído recientemente por Sylvia Molloy, que discute una estrategia usada por muchas críticos y mujeres escritoras latinoamericanas del siglo veinte, en la búsqueda de la aceptación (o de la aceptabilidad) por una comunidad literaria predominante masculina (Molloy, 1991).

Citando un proceso llamado por Joanna Russ “negación por categorización falsa” (1983: 49-61), Molloy describe una tendencia de los críticos latinoamericanos a identificar a las escritoras mujeres a través de la dramatización de sus características personales. Allí encontramos el origen de los “mitos” atados a dos escritoras latinoamericanas del siglo veiente: Delmira Agustini y Gabriela Mistral. Agustini como la virgen llena de deseo, y Mistral como la madre espiritual. Mientras que estos epítetos fueron pensados probablemente por la comunidad masculina predominante para distraer al lector del texto y para fijar la atención en la imagen, la mujer escritora se apropió de estas “máscaras” para crear, subconsciente o no, un personaje con el cual ella gana acceso y aceptación por los círculos sociales y creativos dominantes de su tiempo.

En su discusión, Molloy menciona entre otros, a Delmira Agustini y a Gabriela Mistral como dos escritoras que adoptaron claramente esta estrategia: Agustini como “la Nena”, y Mistral como “la Maestra de América.” Lo que es intrigante sobre estas escritoras no es tanto su postura consciente, como la evidente discrepancia entre sus máscaras y su poesía. La Agustini “virginal” escribió versos eróticos, abiertamente sensuales, mientras que la Mistral “ejemplar” escribió lo que recientemente se ha interpretado como expresiones de su lesbianismo en secreto.

La lectura de estos dos ensayos en un corto período de tiempo me hizo preguntar si las traducciones de la literatura de Agustini y de Mistral han sido influenciadas por ambas máscaras utilizadas por los poetas y los mitos perpetuados por sus críticos. ¿Han sido afectados los traductores por las percepciones de estas dos escritoras de tal manera que ciertas elecciones de palabras y selecciones de antologías perpetúan sus personajes respectivos, y aseguran así su supervivencia? Sondando las máscaras y los mitos asociados a Agustini y a Mistral, no significa sugerir que hay necesariamente una división neta entre la máscara y la escritora, o la mujer y el mito, y por lo tanto asumir que constituyen un “funcionamiento deliberado, voluntarioso”. Especialmente en el caso del Mistral, esto es casi imposible de saber, y en todo caso no es relevante. Solamente significa poner en frente la idea de que las discrepancias sutiles y abiertas entre el personaje y el poema, entre la máscara y el texto, pueden haber sesgado a un cierto grado no sólo en la manera en que se han retratado en su cultura y lengua materna, si no tambien en cómo las hemos recibido en la traducción.


Gabriela Mistral: “La madre espiritual de América”

El caso de Gabriela Mistral es, como el caso de Agustini, semejantemente intrigante. Aunque los críticos sólo recientemente han comenzado a proponer nuevos tipos de lecturas para su obra, su poesía ha sido alabada tradicionalmente como modelo para la literatura maternal y de niños. Mistral, en un mayor grado que Agustini, pero quizás por razones similares, creó para sí un personaje específico, socialmente aceptable. Se promovió como “la maestra de América”, y como “madre espiritual” de todos los niños de América Latina. La diferencia entre la producción poética de Agustini y la de Mistral, es que muchos de los versos y de los ensayos de Mistral apoyan claramente esta imagen. Por ejemplo, su colección de versos dirigidos hacia las alumnas, Lecturas para Mujeres, es entendida como lectura necesaria enla enseñanza, con las esperanzas de producir un “buen sujeto nacional (femenino)” (Licia Fiol-Matta, 1995).

Mistral adaptó su discurso específicamente hacia las mujeres, pero no necesariamente hacia propósitos feministas. Mientras que algunas críticas feministas han visto en Mistral la creación loable de una comunidad femenina, y por lo tanto un ejemplo brillante de la “escritura femenina”, otras han considerado sus temas - la santidad de la maternidad, de la literatura de los niños, del amor (heterosexual), y la preferencia de la maternidad al resto de cualidades y de los propósitos de las mujeres – temas que han desconcertado al feminismo latinoamericano. Mistral, que nunca se casó y ni tuvo hijos, fue reconocida extensamente como lesbiana en círculos literarios y sociales. Como su imagen pública fue basada en la aceptada visión cultural de la “feminidad”, el de la madre y de la profesora, su lesbianismo fue suprimido o ignorado por la comunidad que ella fuertemente se esforzó en representar. Por esta razón Mistral sigue siendo una figura molesta, haciendo que algunos vean su literatura y su persona como áreas de una posible expresión lesbofóbica. Otro aspecto del trabajo del Mistral pasado por alto a causa de la “máscara”, es la oscuridad subyacente en muchos de sus poemas: versos que señalan emociones turbulentas de celos, de venganza, y de premonición (por ejemplo "Dios lo quiere," "Balada," "Coplas,"). Sin embargo, su espiritualidad maternal es la imagen por la cual más se la recuerda, y es la imagen más facil de encontrar en las descripciones de su vida y obra.

De hecho, el discurso pronunciado por Hj. Gullberg de la academia sueca en 1945, al concederle a Gabriela Mistral el premio Nobel de Literatura, avala la “leyenda” de su vida, y la fama que ésta le trajo.

El discurso de la Academia Sueca estableció firmemente el mito de Mistral, usando el lenguaje de la mitología (“la historia de Gabriela Mistral”, “Mistral, como Job, lloró alto hacia el cielo”, “el fantástico viaje”); puso a Mistral en un pedestal real (“reina espiritual de toda America Latina”, “poetisa de la meternidad”, “gran cantante de la compasión y la maternidad”); y al mismo tiempo la empujó a asegurar su aceptación por la comunidad literaria masculina (“pequeña profesora provincial”, “joven colega”). De esta manera, promocionaron y diseminaron efectivamente por el mundo la leyenda (aceptable) de Mistral, la Reina Espiritual de la Maternidad, mientras que simultaneamente, socavaron su mérito manejando los elogios en el lenguaje condescendente del patriarcado. Ésta fue la misma leyenda con la que se la daría a conocer a los lectores en los años posteriores.

Afortunadamente, investigadores recientes de la persona y la literatura de Mistral, han animado a nuevas lecturas de su obra. Uno de los primeros ha sido Santiago DaydTolson, quien dice reconocer que muchos de los poemas de Mistral en los que se describe a la madre y el hijo, son en realidad arquetipos de la iconografía cristiana de la Virgen Maria y el Cristo. Otro ejemplo, de lo que tal vez es la lectura de Mistral más revolucionaria, es la de Licia Fiol-Matta, en su articulo “La Maestra de America. Género, Sexualidad y Nación en Gabriela Mistral”. En su ensayo, Fiol-Matta busca interpretaciones de posibles expresiones lesbianas en los versos de Mistral, y ofrece posibles razones para su incansable construcción de la imagen de la mater et magistra, citando su deseo de irse de Chile y viajar (la trotamundos sin rumbo es un tema recurrente en la obra de Mistral), y su comprensión de que un lesbianismo publico la hubiese privado de toda oportunidad de trabajo, de escribir, y de hablar dentro de una cultura patriarcal latinoamericana.

Lo más importante, su posición como embajadora de America Latina le aseguró la posibilidad única para un discurso subversivo. Éste discurso se puede hallar una vez investigadas las mascaras que Mistral usó: la máscara de género (como la madre espiritual y su énfasis en la santidad de la mujer en la repruducción); la máscara de su sexualidad (el sacrificio de no casarse ni tener hijos, para adoptar a todos los niños de America Latina); su máscara de la Nación (el privilegiar la maternidad ante todo lo demás, para crear un buen sujeto femenino latinoamericano). Una vez problematizadas, es posible encontrar lecturas alternas de esas máscaras: en el retrato de la niñez, en “Colof con cara de excusa”, el “niño-Yo”, no puede, o no decide enfrentarse directamente con los objetos de su deseo y tiene que arrancarse de la madre/mujer. Visto alegoricamente, la maternidad puede representar la característica de atracción y repulsión del deseo reprimido. Existen otros lugares de deseo en la obra de Mistral, y generalmente bordean en conyunturas peligrosas; sin embargo, ofrecen las condiciones y posibilidades para nuevas lecturas de su obra.

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martes, septiembre 11, 2007

Teoría Queer


Queer es todo lo que séa “raro”, singular, diferente para la norma, para lo legítimo y dominante.

“Queer” no se refiere a nada en particular, se tráta de una identidad sin escencia. No es necesariamente una mirada de la sexualidad, incluye cualquier identidad que pueda ser reinventada por un sujeto.

por Marcela Vera O.


Foucault sostiene que la sexualidad no es un instinto biológico, si no más bien una forma de moldear el yo en la experiencia de la carne. Ésta experiencia está constituida desde y en torno a formas de conducta. Estas formas de conducta existen en relación con sistemas de conocimiento, con reglas de lo que es o no es natural, y con una relación entre el individuo y el sí mismo, que le capacita para reconocerse como sujeto sexual entre los demás. La sexualidad como atributo de primera importancia con el sexo opuesto no es algo natural, si no que es un producto de finales del siglo XVIII.

Derrida sostiene que un fenómeno siempre se define desde lo que no es (la diferencia), y que el significado siempre está en otra parte y no en el sujeto/objeto mismo. En relación a la sexualidad, esto quiere decir que se trata de conceptos sobre sí mismo que significan algo en relación a otro u otra cosa. Por ejemplo, sólo se puede tener una identidad heterosexual si se sabe que no se es homosexual. La identidad se crea en relación al otro, y en éste caso la identidad se podría decir entonces que está más que nada en el homosexual que en el heterosexual. Algo así sostiene Wittig, cuando dice que cuando la clase ´hombre´ desaparece, ´mujeres´ como clase tambien desaparece. Foucault señala que la diferencia y la norma son dependientes la una de la otra, es decir la diferencia no existe si no existe la norma. Por ejemplo la “desviación” sexual no existiría si las reglas del matrimonio no hubiesen aparecido.

La teoría Queer , tomó entre otras, las ideas de Derrida y del psicoanálisis de Lacan (la que sostiene que el sexo es una norma). La teoría Queer problematiza y cuestiona la heterosexualidad normativa y explica cómo la construcción del sexo, el género y la sexualidad son un resultado de sistemas de poder. David Halperin sostiene que por definición, Queer es todo lo que séa “raro”, singular, diferente para la norma, para lo legítimo y dominante. “Queer” no se refiere a nada en particular, se tráta de una identidad sin escencia. No es necesariamente una mirada de la sexualidad, incluye cualquier identidad que pueda ser reinventada por un sujeto.

Judith Butler, la exponente más importante de ésta teoría, critíca el constructivismo y argumenta que la teoría de género reproduce el sistema binario (masculino/femenino) porque no toma en cuenta lo material (el cuerpo, el sexo). Señala que la distinción entre género y sexo significa que desde el principio no se relaciona el sexo biológico con el género. El género es visto como construido a raíz del sexo, no a raíz de la construcción cultural del sexo. Es decir, la materia (el sexo) sobre la cual está hecha el género (las construcciones culturales "hombre", "mujer", etc.) es representada como lo “real”, lo “verdadero”. Esto es una ilusión a la que los cuerpos tienen que adaptarse pero no simpre es posible en la práctica, dice Butler.

El sexo, una construcción

Butler sostiene que el sexo es una construcción cultural y social al igual que el género. Para ella es problemático definir el género como la construcción cultural del sexo si es que el sexo en sí es una categoría definida en términos de género (construidos culturalmente). Ha sido criticada porque se dice que no toma en cuenta las diferencias biológicas que influyen de manera distinta en las vidas de los hombres y las mujeres. Como por ejemplo, el hecho de que las mujeres pueden quedar encintas y los hombres no. En éste punto, lo que Butler cuestiona es la problemática de la reproducción como central en la diferencia sexual del cuerpo, ya que no todas las mujeres pueden (o quieren) quedar encintas, por lo tanto no es un rasgo sobresaliente del cuerpo o del ser mujer. Butler piensa que la diferencia sexual del cuerpo se debe a la imposición de una norma, no a una descripción neutral de restricciones biológicas. No niega ciertas clases de diferencias biológicas, pero se pregunta bajo qué condiciones discursivas e institucionales, ciertas diferencias biológicas se convierten en las características sobresalientes del sexo, cómo es que el sexo en sí mismo puede ser construido como norma, y cómo una norma materializa realmente un cuerpo.

Butler comparte con Wittig la idea de que el sexo es una categoría política, algo impuesto por una norma de reproducción obligatoria. La diferenciación entre lo masculino y lo femenino se alcanza a través de la heterosexualidad, la norma heterosexual normaliza el género como una relación binaria en donde lo masculino es distinto de lo femenino. La identidad de género se crea a través del tabú en un contexto donde la heterosexualidad es idealizada. Esto significa una imagen falsa de las categorías de género, representadas como estables. La construcción de un género estable esconde el hecho de que existen géneros que no coinciden con el sistema binario, señala Butler. Aunque fuera así que las categorías fueran binarias, dice ella, no significa que el género se limíta a dos categorías. Un sistema binario estable de categorías de sexo no significa tampoco que los hombres automáticamente tendrán cuerpos de "hombre", o que las mujeres, cuerpos de "mujer".

El sistema binario de género guarda la idea de una relación imitativa entre sexo y género, en donde el género refleja al sexo y por eso es limitado por éste. Pero cuando se le dá al género un estatus independiente del sexo, el género queda libre, con la consecuencia de que “hombre” teoréticamente podría ser expresión de un cuerpo de mujer. Ver el género como independiente del sexo abre la posibilidad de ver más categorías que "hombres" y "mujeres". Se hace entonces problemático hablar de un determinado sexo o género sin preguntare antes cómo se construyen el sexo y el género.


Teoría Queer y Feminismo

Butler argumenta que el feminismo ha cometido un errór al tratar de declarar que las “mujeres¨son un grupo homogéneo con intereses y características en común, porque eso implica una regulación y reificación de las relaciones de género, refuerza la mirada binaria en la cual los individuos están divididos en hombres y mujeres. En consecuencia, el feminismo ha cerrado las posibilidades de las personas a formar y elegir su propia identitad individual, dice ella. Butler critica al feminismo por asumir que los géneros masculino y femenino podrían ser construidos sobre cuerpos “masculinos” y “femeninos”, lo que no deja lugar para la elección, la diferencia o la resistencia. Tambien es crítica de la teoría del psicoanálisis que explica la elección del deseo sexual (Edipo). Para ella, ésta explicación no déja lugar para variaciones, para influencias alternativas en personas diferentes, en distintas situaciones.


Para ella, el género no es un aspecto escencial de la identidad, si no que debe ser visto como una performance, es decir como una acción, una variable no estable, que cambia en diferentes contextos y en distintas épocas.

“ No existe la identidad género detrás de las expresiones…la identidad es performativamente constituida por esas expresiones que se dice son sus resultados”, dice Butler.

Según ella, todos hacemos performances de género, por lo tanto no se tráta de hacer o no hacer una performance, se tráta del tipo de performance que hacemos. Eligiendo ser diferentes, se podría ayudar a cambiar las normas binarias y lo que se entiende por “masculino” y “femenino”. Argumenta que el modo de percibir los roles de género se basa en la desigualdad entre los sexos, y que si se deconstruye la forma de ver los roles de género, se podría llegar a hacer cambios en la cultura política. Es decir, si no hubiesen roles convencionales para cada género, gradualmente la sociedad cambiaría hasta llegar a ser más igualitaria.

Butler critíca a la feminista Catherine Mackinnon, porque en sus teorías las relaciones sexuales de subordinación establecen categorías de género diferenciales. Es decir a los “hombres” se les define como los que ocupan una posición social dominante y a las “mujeres” como las subordinadas, lo que no da lugar a que las relaciones sexuales se puedan teorizar fuera de las estructuras de las diferencias de género. Butler propóne replantear la oposición entre la sexualidad y el género para repensar los límites entre la teoría queer y el feminismo. Para Butler, no se puede separar la sexualidad de las normas de género, y es obvio que las relaciones de subordinación sexual no determinan la posición de género.

La relación entre las prácticas sexuales y el género no está determinada estructuralmente, pero Butler sostiene que se deben considerar a las dos dentro de una relación recíproca. La relación entre género y sexualidad se negocia en parte a través de la relación entre identificación y deseo, dice ella. Si identificarse como mujer no implica necesariamente desear a un hombre, y si desear a una mujer no implica necesariamente una identificación masculina, entonces la matriz heterosexual resulta ser una lógica imaginaria que continuamente produce su propia ingobernabilidad, dice Butler. Además, no hay una feminidad con la que identificarse, o sea la feminidad podría ofrecer formas de identificación, como por ejemplo la lesbiana femme. La performatividad entonces debe interpretarse como la posibilidad de dar nuevos significados a términos de poder, no como autoexpresión ni como autopresentación.

Gayle Rubin examina las teorías psicoanalíticas freudianas y posfreudianas de la sexualidad de las mujeres. Para ella, el psicoanálisis es una descripción de la deformación de los niños andrógenos y bisexuales en hombres y mujeres, y de “la transformación de la sexualidad biológica en los individuos al ser aculturados”. Sostiene que la sexualidad es un campo autónomo, que el género no concibe abarcar todo sobre sexualidades. Señala que el género resulta ser reductor, y plantéa que los Estudios Gay y Lésbicos deben ser autónomos, no entrar en el debate feminista de género.

Monique Wittig sostiene que las mujeres deben tomar distancia de la definición "mujer" que les es impuesta. Ella tambien sostiene que para que una sociedad cambie verdaderamente, los sujetos tienen que cambiar. Según ella, las mujeres se convierten en sujetos cuando descubren que son sujetos de opresión y apropiación. La conciencia de la opresión no es sólo una reacción de la opresión, tambien es toda la reevaluación del mundo social, una operación de entender la realidad que debe ser emprendida por todas las mujeres, por medio del lenguaje. La necesidad de existir como individuo, y también como miembro de una clase, puede ser la primera condición que dé paso a una revolución. Pero, como sin clase y conciencia de clase no hay verdaderos sujetos (solamente individuos enajenados), se debe mostrar que todos los problemas supuestamente personales son de hecho problemas sociales, problemas de clase, dice Wittig. Que la sexualidad para las mujeres no es una expresión individual y subjetiva, sino una institución social de violencia.

El surgimiento de sujetos individuales exige arruinar las categorías de sexo y rechazar las ciencias que aún las utilizan como fundamentos, dice Wittig. Para ella, el lesbianismo ofrece en este momento la única forma social en la que las mujeres pueden vivir libremente. La lesbiana está más allá de las categorías de sexo, porque no es una ´mujer´ económicamente, ni políticamente, ni ideológicamente. Para Wittig, ser lesbiana es ser prófuga de la clase ´mujeres´, como lo eran los esclavos afroamericanos que se fugaban y se eliberaban. Ella sostiene que para lograr la supervivencia y alcanzar la destrucción de la clase ´mujeres´, en la que los hombres se apropian de las mujeres, hay que alcanzar la destrucción del sistema social heterosexual que se basa en la opresión de las mujeres. Jeffrey Weeks define como lesbiana política a las mujeres que se hacen lesbianas por una opción política, como una forma de protesta en contra del patriarcado. En este caso, para ella lo político es más importante que el deseo. Finalmente, para Judith Butler, no solamente la norma de la heterosexualidad es poco convincente. Si no todas las normas sexuales.

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domingo, septiembre 09, 2007

"Literatura Femenina"

por Marcela Vera O.


"No soy yo la que pensáis,
sino es que allá me habéis dado
otro ser en vuestras plumas
y otro aliento en vuestros labios,
Y diversa de mí misma
entre vuestras plumas ando
No como soy, sino como
Quisisteis imaginarlo."


Juana Inés de la Cruz
(1651-1695)


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Las escritoras

La literatura, a lo largo de la historia ha sido tratada y juzgada desde una posición canónica, fundamentalmente masculina, que ha tendido a omitir, ignorar e incluso descalificar la obra literaria de autoría femenina. Los creadores del “arte” pertenecen a la “cultura”, no a la periferia, es decir el “arte” supuestamente no es creado por sujetos que históricameante han sido situados en el ámbito de “lo natural”. Por ejemplo, el trabajo manual artístico efectuado por mujeres y personas pertenecientes a los pueblos originarios, ha sido considerado como artesanía, pero no como arte. El “arte culinario” se considera como tal cuando es efectuado por algún varón chef de cuisine, pero no por cualquier jefa de hogar. Así mismo, la literatura escrita por mujeres también ha tendido a ser categorizada dentro de su propio género.


Sylvia Molloy argumenta una estrategia usada por muchas escritoras latinoamericanas del siglo veinte, en la búsqueda de la aceptación (o de la aceptabilidad) por una comunidad literaria predominantemente masculina (Molloy, 1991). Ella nos habla de cómo se ha construido socialmente a la escritora latinoamericana, y sobre las estrategias usadas por las escritoras latinoamericanas dentro de un ámbito literario dominado por hombres. Citando un proceso llamado por Joanna Russ “negación por categorización falsa” (1983), Molloy señala una tendencia de los críticos latinoamericanos a identificar a las escritoras a través de la dramatización de sus características personales, lo que ha sido el origen de la creación de mitos. Según sus estudios, muchas escritoras latinoamericanas han asimilado las imágenes construidas en torno a ellas creando una “máscara” de su identidad, con el fin de ser aceptadas por la comunidad literaria masculina dominante.

Dos de estos mitos se pueden ver claramente en las imágenes de Delmira Agustini y Gabriela Mistral. Agustini como la virgen llena de deseo, y Mistral como la madre espiritual (dos categorizaciones dentro del ámbito de lo “natural”). Según Molloy, mientras que estos epítetos fueron pensados probablemente por la comunidad masculina dominante para distraer al lector del texto y para fijar la atención en la imágen, la mujer escritora se apropió de estas “máscaras” para crear, subconsciente o no, un personaje con el cual ella podía ganar acceso y aceptación por los círculos sociales y creativos dominantes de su tiempo, es decir las utilizó como estrategia. Lo interesante es la discrepancia entre las máscaras y la poesía de éstas dos escritoras. Por ejemplo, la Agustini “virginal” escribió versos eróticos, abiertamente sensuales, mientras que la Mistral “ejemplar” escribió entre otras cosas, lo que recientemente se ha interpretado como expresiones de su lesbianismo en secreto.
















Gabriela Mistral y el estado-nación

Se ha creado la imagen de Gabriela Mistral como poeta que principalmente escribió poemas para niños, sin embargo su obra se compóne de muchísimos otros temas que nada tienen que ver con la infancia, así como su estilo de vida y pensamiento intelectual en la realidad no tenían nada que ver con la maternidad y el rol de ´mujer´ que se le atribuyó. Licia Fiol-Matta estudió la relación entre nación, género, etnicidad, sexualidad, y maternidad en la creación de las identidades, y el rol del estado en la formación de la identidad de Gabriela Mistral. Ella señala que en la imágen creada por el estado, Mistral cristaliza la profesora como una madre, una madre “rara”, singular (queer), sin marido y sin hijos, pero que en vez de marido se ha “casado” con la nación, y en vez de hijos tiene todos los niños de la nación a quien dedicarse.

De esa manera, Mistral condensa la relación del estado con la imágen madre-hijo, y es aceptada a pesar de su condición queer. Esa posición le dio a Mistral la oportunidad de tener un discurso subversivo. Ese discurso, dice Molloy, se puede hallar una vez reveladas y retiradas las máscaras usadas por ella: la máscara de género (la madre espiritual con un énfasis en la santidad y la reproducción femenina), la máscara de la sexualidad (el “sacrificio” de no casarse y no tener hijos para adoptar a todos los niños de America), y la máscara de la nación (el elogio a la maternidad, para crear un “buen” sujeto femenino).

La nación siempre ha sido asociada a figuras básicamente femeninas, todo el discurso de identidad nacional está elaborado con vínculos con los que nos asociamos, como la imagen de la ´madre´. La nación es una comunidad imaginaria que sólo puede concluir en el ámbito letrado, en el ámbito del estado. Estado-nación es un concepto moderno, y la idea de un histórico común, de una cultura en común y de símbolos patrios en común, es fundamental. El estado también tiene género, raza y sexo, y la formación de la sociedad chilena está fuertemente vinculada a la sexualidad.

A principios del siglo XX, además del control racial y económico existía el control de la sexualidad por la disponibilidad de la mano de obra, y durante el gobierno de Pedro Aguirre Cerda (1938 y 1941) los roles de las mujeres y de los hombres fueron fomentados por las políticas públicas. Para la creación del estado-nación se requieren estereotipos que construyan la nación a través de la palabra y ejerzan la implantación de símbolos patrios. Gabriela Mistral fue transformada en uno de esos símbolos porque obedecía a las manifestaciones necesarias de una escuela y un sector que podía contribuir a establecer el discurso patriarcal y nacionalista de los que conducían la “Cultura”.

La imágen de Gabriela Mistral fue creada durante una época en la que la restricción de las mujeres al ámbito educacional superior, había pasado a ser un reclamo más del movimiento feminista, el derecho al ejercicio del sufragio universal se convirtió en la lucha por el derecho a la educación. La falta de educación era un argumento más para que los hombres negaran el derecho de las mujeres a participar en la política, y las mujeres adoptaron su discurso al de los hombres y a la categorización que se ha hecho de las mujeres, con demandas que corresponden a esa categoría. Es así como sus primeros logros con respecto al derecho a la educación y al ámbito fuera del hogar, al principio se limitó al ejercicio de la profesión de enfermera y profesora, ambas vistas en la época como una prolongación del rol de madre. Gabriela Mistral abogó por los derechos de las mujeres, pero eso es lo menos de lo que se habla.

La Academia Sueca también contribuyó a la imagen de Gabriela Mistral como la ´madre´, cuando le concedió el premio Nobel de literatura en 1945. El discurso pronunciado por Hjalmar Gullberg de la Academia Sueca, estableció firmemente el mito de Mistral: “reina espiritual de toda America Latina”, “poetisa de la maternidad”, “gran cantante de la compasión y la maternidad”. Al mismo tiempo la empujó a asegurar su aceptación por la comunidad literaria masculina: “pequeña profesora provincial”, “joven colega”. De esta manera, promocionaron y diseminaron efectivamente por el mundo la leyenda de Mistral, la Reina Espiritual de la Maternidad, mientras que simultáneamente, socavaron su mérito manejando los elogios en el lenguaje condescendente del patriarcado. Ésta fue la misma leyenda con la que se la daría a conocer a los lectores en los años posteriores.


Imágen y representación

En ésa época, después de La Segunda Guerra Mundial, se había vuelto a los arquetipos tradicionales en el marco del nacionalismo, a través de la propaganda. Es decir a la imagen de la mujer que, después de ser un engendro diabólico, pasó a ser sacrilizada, idealizada como Madre, destinada sólo al eterno imaginario y etiquetada en los discursos como el bello sexo o el hada del hogar. Las presiones económicas y culturales remodelaron la noción de feminidad, y en el mundo capitalista de occidente la imagen era la de la mujer en el hogar, maternal, individualista y consumidora. Con la aparición del cine se desarrolló la imagen de la mujer como objeto sexual para la mirada masculina. Tambien se crearon "peliculas de mujeres" llenas de imágenes de personajes femeninos pasivos y patéticos, en las cuales la mujer era identificada con su sufrimiento. Durante esta época nacieron las telenovelas y las revistas de vanidad, que mantienen el interés por una belleza superficial, la heterosexualidad y la familia nuclear.

La historiadora Anne Higonnet señala que en esas imágenes se mantiene la tensión de las mujeres entre la negación y la afirmación de sí mismas, poniendo al descubierto las contradicciones que han tenido que vivir. Desde los años ´70, la reflexión de artistas, críticas e historiadoras feministas, se dirigió al problema de la construcción social de la identidad sexual. Las artistas comenzaron a representarse a sí mismas, y a rechazar las imágenes que otros producían de ellas. Lo mismo ocurrió en el ámbito de la literatura.


Literatura y género


Mitchel (en Eagleton, 1996) señala la ambigüedad y vulnerabilidad de la posición de la escritora mujer. Usando la mirada psicoanalítica de Lacan, sostiene que la escritora debe ser a la misma vez “femenina” y renunciar a la feminidad. La escritora, en sus novelas crea un mundo de “mujer”, pero al mismo tiempo rechaza ese mundo por el acto de escribir. Sólo tiene la alternativa de trabajar dentro del orden dominante, a lo que Mitchel llama “lo simbólico”, porque estar fuera de ese orden significa estar loca o muerta. Pero de la misma manera, la escritora debe romper con ese orden, con un nuevo simbolismo. Mary Jacobus señala lo mismo, y dice que la tensión entre Romanticismo (sentimiento, intuición, imaginación) y Razón (racionalización, orden, poder), plasma el dualismo de ser femenina y rechazar la feminidad.

Algunos críticos literarios suelen diferenciar “literatura” de “literatura femenina”, significando ésta última, literatura escrita por mujeres. Luce Irigaray (1995) sostiene que el lenguaje exclúye a las mujeres de la posición activa y sugestiva, en el lenguaje las mujeres no son sujetos de la misma forma que los hombres. Además, sostiene que hombres y mujeres tienen distintos modelos de lenguaje. Julia Kristeva sostiene que la única diferencia entre la literatura femenina y masculina es el tema que desarrolla. Kristeva (en Eagleton, 1996) afirma que no existe algo llamado “escritura femenina”, la escritura no tiene sexo ni género pero su diferencia se desplaza en las discretas mecánicas del lenguaje y las significaciones, que son ideológicas e históricas. A mi entender, la diferencia se basa en las distintas experiencias que viven hombres y mujeres en la sociedad. Como dice la escritora Mercedes Valdivieso, la escritura no pasa por el sexo sino por la representación que el sexo tiene en la sociedad:


"Pienso que la representación de una voz femenina en la literatura, sería la de deconstruir la imagen de la mujer que nos legó una narrativa masculina" (Cuestionario…,1992).

Elaine Showalter, en su libro sobre literatura femenina A Literature of their Own, distingue tres grandes fases dentro de la literatura "femenina" inglesa. La primera fase es la de imitación de las formas establecidas por la tradición dominante; una interiorización de sus normas artísticas y de sus visiones de los roles sociales, y una tímida crítica contra esas visiones. La segunda es la fase de protesta abierta y explícita contra esas normas y valores, y una reivindicación de los derechos y los valores del grupo oprimido. La tercera es la fase de autodescubrimiento, de búsqueda de la propia identidad. Showalter propone tres nombres para designar a las escritoras de estas tres fases: Literatura Femenina (Feminine), Feminista (Feminist), y "de mujeres" (Female), aunque las tres fases se solapan.

Escritoras latinoamericanas


En America Latina se conservó la literatura femenina colonial, ya que se desarrolló en los conventos, los únicos lugares donde las mujeres tenían la posibilidad de estudiar, adquirir libros y tener tiempo para dedicarse a la reflexión y la escritura, en vez de estar atádas a los trabajos demésticos, con hijos y marido. Juana Inés de la Cruz (1651-1695), de la que se dice que fue la primera feminista latinoamericana, en la infancia fue una niña prodigia que pensó en disfrazarse de hombre para poder estudiar en la universidad, pero al final optó por "disfrazarse" de monja y entrar al claustro del convento de San Jerónimo (ciudad de México), donde contaba con una de las mejores bibliotecas del país. Es decir, ella también necesitó de una “máscara” para poder escribir:

...
Y diversa de mí misma
entre vuestras plumas ando
No como soy, sino como
Quisisteis imaginarlo

Juana Inés de la Cruz fue testimonio de cómo la creación de una mujer puede vencer la rudeza y monopolio del sistema patriarcal, pero al mismo tiempo de cómo esa osadía se puede pagar caro, siendo condenada por el Obispo de Puebla, quien junto a otros eclesiásticos la obligaron a deshacerse de sus libros y todas sus pertenencias, y le prohibieron seguir escribiendo. Ella recorrió múltiples formas literarias, escribió versos sacros y profános, amorosos, filosóficos y científicos, además de villancicos, autos sacramentales, y obras de teatro. Aparte de composiciones musicales, hay algunas de sus obras literarias que no son conocidas, habiéndose perdido algunas, y otras siendo encontradas recientemente en los años ´90. En una larga misiva autobiográfica, abogó por los derechos culturales de la mujer, defendió su ansia de conocimiento, y afirmó su derecho a criticar y a impugnar a los teólogos de la iglesia.

Juana de Ibarborou, Gabriela Mistral, Alfonsina Storni, Claudia Lars y Cecilia Meirelles, son algunas de las escritoras más sobresalientes de un primer modernismo femenino en la literatura latinoamericana. Se puede decir que en ésta época algunas escritoras escribieron detrás de una “máscara”, como dice Molloy. Su lenguaje suele ser muy figurativo y no directo, no parte desde una perspectiva abierta de la palabra en relación a la verdadera y propia identidad. Es decir como Gabriela Mistral, cuya prosa se construye a partir de estrategias. Sus versos se pueden interpretar de muchas maneras. Más o menos lo mismo que con Juana Inés de la Cruz, quien tal vez no sólo debió vestirse de monja para poder escribir, sino que también disfrazar sus versos de amor y pasión en poemas galantes. Ambas debieron esconder su sexualidad y no pudieron expresar abiertamente sus sentimientos hacia otra mujer. Dice Gabriela Mistral en su poema Una Palabra:

yo tengo una palabra y no la suelto…

Más tarde, la insurgencia política del siglo XX en América Latina abrió las posibilidades para que las mujeres se ubicaran en los escenarios alcanzando ciertos niveles de visibilidad. Las mujeres comenzaron a hablar en la literatura desde la perspectiva de la opresión, en tono de denuncia y protesta. En la actualidad, las escritoras latinoamericanas rompen con el status quo y crean universos en relación a sus propios valores, desde su perspectiva de mujer y de sujeto, formando un nuevo cánon en la literatura. Anteriormente estos universos no habían estado totalmente ausentes de la literatura, pero ahora se dan a conocer en una publicación de textos sumamente abundante.

Las escritoras latinoamericanas han ido integrando temas antes inhibidos, como la sexualidad de la mujer, la denuncia de la opresión patriarcal, la búsqueda de la identidad. Han incorporado la problemática del colonialismo, la tortura política, la violación ecológica. Han legitimado los espacios marginados, como el ámbito doméstico, revalorándolo como símbolo del ser, del poder y del escribir. Se han definido como seres activos fuera del ámbito doméstico y se han rebelado contra los clichés y estereotipos absurdos atribuidos a las mujeres y a lo “femenino”. Han creado una literatura testimonial, y han utilizado un lenguaje propio, a veces con la ayuda del lenguaje de la cultura popular, liberándose del lenguaje académico, teórico y conceptual. Se han autodefinido como sujeto y han contado su historia independientemente de la que les habían inventado los hombres.

A este ámbito de la literatura se suma la escritora Isabel Allende, que además ha tenido un extraordinario éxito internacional. Éste fenómeno pareciera desconcertar a una cierta especie de elite del ámbito literario nacional chileno, que se ha adjudicado el derecho de adueñarse del saber y de las formas de hacer literatura, así como de apropiarse del poder de decidir los cánones con los cuales se juzga y se separa según ellos, la “buena” literatura, de la “mala” literatura. La crítica a Isabel Allende en la prensa nacional es muy distinta a la de la prensa en el extranjero, la cual en general es muy positiva y llena de elogios, colocando a la escritora entre una de las mejores escritoras del último tiempo. En la crítica de los medios en Chile a menudo nisiquiera se reconoce a Isabel Allende como escritora y para referirse a ella se usan variados términos para no tener que utilizar el término ´escritora´. Así mismo se puso resistencia a conferirle el título de poeta a Sor Juana Inés de la Cruz, tratando de mantener a la mujer en su posición imperturbable de musa (confiriendole a Inés de la Cruz el titulo de la "décima musa”). Muchas veces la crítica a Allende no se basa en su obra, si no que más bien en su persona, lo que trae a la mente nuevamente a Molloy, cuando señala que existe una tendencia de los críticos latinoamericanos a identificar a las escritoras a través de la dramatización de sus características personales.

A menudo no se reconoce la obra completa de Allende y se la acúsa de escribir sólo novelas “de aventuras”, como si la “buena literatura” se tratára únicamente de un solo género literario, y sin mencionar por ejemplo que el tan aclamado Francisco Coloane, galardonado con el premio nacional de literatura, se dedicaba únicamente e ése género. Se la compara con los escritores masculinos y a menudo se la acúsa de ser una “copia” de García Márquez, como también de expresarse en un lenguaje “cursi”, superficial y demasiado “femenino”, y también se insinúa una falta de interés en las historias de los personajes femeninos de sus novelas. Como dice Naín Nómez (1998), la escritura de Gabriela Mistral, en Chile tampoco fue aceptada por los críticos de su época, por ser "mala escritura", "oscura", "prosaica", y "nomo-corde". Según los críticos, Mistral escribía mal, manejaba el idioma con dificultad, y su vocabulario era "muy reducido"...



Por causas políticas, la “literatura femenina” no alcanza a tener doscientos años, pero se le obliga a tener la misma experiencia adquirida por los hombres, y a expresar la experiencia de los hombres, o de las mujeres vistas según los hombres. Aún siendo escrita por mujeres, se pretende que tenga una perspectiva masculina, para poder ser aceptáda como literatura “de calidad”. Esta literatura ha sido incomprendida por el código lingüístico imperante y a través de la historia ha debido someterse a una cultura establecida, la cual no asume que la mujer escribe desde su condición sexuada, y que la calidad literaria no tiene sexo, que las expresiones literarias de las experiencias masculinas y femeninas pueden tener la misma calidad literaria; que en el fondo, dentro de la literatura sólo existe “literatura”. La literatura “femenina”, “masculina”, “negra”, indígena”, “inmigrante”, “obrera”, etc., es simplemente, literatura.

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Género, discurso y poder

Para Joan Scott, el género es un elemento constitutivo de las relaciones sociales basadas en las diferencias entre los sexos (diferencias también construidas, según Butler), y comprende cuatro elementos interrelacionados. Un elemento son los símbolos culturales que evócan representaciones múltiples, otro son los mitos de oposiciones binarias. Otro elemento son los conceptos normativos de los significados de los símbolos, que se expresan en doctrinas religiosas, educativas, científicas, legales, políticas (afirman categóricamente el significado de hombre y mujer, masculino y femenino). El otro elemento es la economía y la política. Según Scott, el género no se restringe al sistema de parentesco, las bases de la organización social no se centran sólo en la familia, si no que también en el mercado de trabajo, la educación y la política.

Judith Butler afirma que la identidad sexual se construye en el discurso, y el discurso es performativo (performative), las identidades se hacen a través de repeticiones en acciones, señales, lenguaje corporal, y otros medios discursivos. Ella parte de los procesos intrapsíquicos, y afirma que no existen categorías homogéneas como ´hombre´ o ´mujer´. Tanto Butler como Foucault ponen la atención en el rol constituyente del idioma en la construcción de la identidad, y demuestran que el discurso construye la identidad personal. Foucault afirma además, que el discurso es poder, una relación de fuerza que aparece en todos los ámbitos en los cuales nos movemos. Su estructura y contenidos no pueden ser referenciados exclusivamente a la estructura económico-política, las instituciones presentadas como espacios neutros dentro de la sociedad, manejan dimensiones ideológicas y ejercen formas de poder que se proyectan sobre los individuos.

Foucault parte de la base de que existen dos esferas donde se consolidan las prácticas, cada una de ellas tiene sus propios mecanismos de legitimación, actúan como "centros" de poder y elaboran su discurso y su legitimación. Una de dichas esferas está constituida por la ciencia, la otra está conformada por todos los demás elementos que pueden definirse como integrantes de la cultura. Lo ideológico, las diferenciaciones de género, las prácticas discriminatorias, las normas y los criterios de normalidad, están dentro de esta segunda esfera. Cuando un grupo social es capaz de apoderarse de los mecanismos que regulan una manifestación de poder, lo pone a su servicio y elabora una superestructura que se aplica a los potenciales dominados. El ejercicio de poder no es posible sin una economía de los discursos de la “verdad”. Se crea, así, un discurso que lo presenta como un hecho "natural" y procura bloquear las posibilidades de aparición de otros discursos que tengan capacidad cuestionadora. Esa necesidad de contar con un discurso de "respaldo", con una determinada forma de verdad, lleva necesariamente a establecer una relación entre poder y saber. Esta relación es clave, y a partir de ésta se interpreta la labor de la escuela.

Marilyn Strathern, Carol McCormack (1981) y otros antropólogos han demonstrado que en los discursos que están empapados de los opuestos naturaleza/cultura, siempre se relaciona la “naturaleza” o lo “natural”, con lo femenino. La “naturaleza” aparece siempre como en necesidad de subordinarse a la “cultura”, que a su vez se relaciona con lo masculino. A la “naturaleza” pertenece el origen, la periferia, la esfera privada, el cuerpo y los instintos. La “cultura” se asocia con lo moderno, lo que está al centro, la esfera pública, lo racional y el intelecto. La “cultura” se dice ser superior a la naturaleza, ya que ésta puede controlar la naturaleza y darle forma. La política sexual que conserva las diferencias entre naturaleza y cultura, se esconde tras la construcción efectiva de “naturaleza” y de “sexo natural”, que se muestran como la base indiscutible de la “cultura”. Butler sostiene que el establecimiento de éste mecanismo con el cual el sexo se transforma en género, no sólo busca establecer la construcción de uno o más géneros con un estatus inútil y “no-natural”, si no que también busca establecer una opresión cultural universal en términos no-biológicos.

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Fuentes:


Anne Higonnet. 1991. Mujeres, imágenes y representaciones, en Historia de las Mujeres en Occidente. Taurus Ediciones.

Butler, Judith. 2004. Undoing Gender. Routledge

Eagleton, Mary. 1996. Feminist Literary Theory: A Reader. Blackwell Publishing.

Elaine Showalter. 1998. A Literature of their Own. Princeton University Press

Fiol-Matta, Licia. 1995. "'The Schoolteacher of America.' Gender, Sexuality and Nation in Gabriela Mistral." Queer Readings, Hispanic Writings. Eds. Emilie Bergmann and Paul Julian Smith.



Fiol-Matta, Licia. 2002. A queer mother for the nation: The state and Gabriela Mistral. Minneapolis: University of Minnesota Press.

Foucault, Michael. 1991. Espacios de poder. España: Ediciones La Piqueta.

Irigaray, Luce. 1995. Love to You: Sketch of A Possible Felicity in History. Routledge.

Joan Scott. 1990. El género: una catergoría útil para el análisis histórico. Valencia: Alfons El Magnánim.

Molloy, Sylvia. 1984. "Dos lecturas del cisne: Rubén Darío y Delmira Agustini," La sartén por el mango. Ed. de Patricia Elena Gonzez y Eliana Ortega. Puerto Rico: Ediciones Hurac.

McCormack, Carol & Strathern, Marilyn. 1981. Nature, Culture, Gender. New York: Cambridge University Press



Nómez, Naín. 1998. Modernidad, racionalidad e interioridad: la poesía de mujeres a comienzos de siglo en Chile. En Revista Nomadías Nº 3. Santiago de Chile. Universidad de Chile, Facultad de Filosofía y Humanidades, Programa de Género y Cultura en América Latina. Editorial Cuarto Propio.


Bibioteca Virtual Miguel de Cervantes. Sor Juana Inés de la Cruz: http://www.cervantesvirtual.com/bib_autor/sorjuana/







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lunes, agosto 13, 2007

¿Igualdad con desigualdad?


...a propósito de femicidio


por Marcela Vera O.

Ante el debate sobre la inclusión del delito de “femicidio” en el código penal, algunos han dado como argumento en contra el hecho de que “todo ciudadano es igual ante la ley”, señalando que las penas deben ser iguales tanto para hombres como para mujeres, ya que tanto hombres como mujeres pueden cometer asesinatos y ambos son igual de repudiables. Lo que no he escuchado de los oponentes a la propuesta de ésta ley, es una explicación del por qué entre 70-80 mujeres mueren asesinadas por sus parejas en Chile cada año, y no la misma cantidad de hombres. Antes de hacer un referente a lo anterior, quisiera señalar que en Chile no existe un sistema único de registro de homicidios, por lo que las estadísticas de femicidios son basadas en las que llevan distintas instituciones públicas. Además no figuran los asesinatos que no son denunciados, por lo que se cree que la cantidad de mujeres y niñas que son víctimas de femicidio cada año, es mayor. Estos crímenes, así como los antecedentes de violencia hacia mujeres y niñas, no son considerados relevantes por las instituciones y funcionarios que intervienen a lo largo del proceso, lo que da como resultado su invisibilidad y por tanto la ausencia de prevención y de atención al fenómeno. La mayoría de ellos son resultado de continuos episodios de violencia, calificados como violencia intrafamiliar y que algunas veces fueron denunciados por las mujeres agredidas (Aravena, 2004).

Mi pregunta en referencia a los defensores de la “igualdad ante la ley” es la siguiente: ¿Puede haber igualdad sin reconocerse la desigualdad de la diferencia de oportunidades y derechos entre los géneros? ¿ Puede la universalidad de la ley y la igualdad de derecho ser basada en una dicotomía entre hombres y mujeres?

Creo que para responder ésta pregunta habría que explicar principalmente lo que se entiende por ´universalidad de la ley´ en la práctica, y para ello podemos buscar ejemplos en nuestra historia como república. Hoy en día existen más leyes que antes, referentes a la igualdad de los ciudadanos, pero eso no quiere decir que exista igualdad. Ni siquiera quiere decir que dichas leyes se cumplan. Las mujeres por ejemplo, por ley pueden dejar el ámbito doméstico y sumarse al mercado laboral, pero en la práctica no siempre es posible, porque la sociedad aún las categoriza principalmente según su rol de madres y deben cargar con las responsabilidades que esto implica. Según la ley, todos los ciudadanos son iguales, pero las mujeres tienen un salario inferior al de los hombres por el mismo trabajo. En fin, así podríamos seguir dando ejemplos. Ya en 1869, Montesquieu afirmaba que en las repúblicas, las mujeres son libres por las leyes y cautivas por las costumbres…

La razón es que “la universalidad de la ley” se basa en un sistema jerárquico en el cual un sujeto se ha denominado a sí mismo como sujeto universal, excluyendo a todos los demás sujetos de esa “universalidad”.

Un poco de historia…

En mayo de 1875, un grupo de mujeres tomó al pié de la letra esto de la “igualdad ante la ley”. Amparadas en la universalidad de los derechos y aferradas al articulo 7mo. de la constitución de 1833 que concedía el derecho a sufragio a “todos los chilenos” que supieran leer y escribir (sin definir la exclusión de las mujeres), comprendió por “chilenos” la expresión genérica que incluye a los individuos de ambos sexos, y se presentó a inscribirse en los registros electorales . Sin embargo, los representantes de la ley inmediatamente establecieron el sentido estricto de dicho artículo, dejando en claro que la ley de elecciones consignaba la exclusión de las mujeres determinantemente. Los juristas de finales del siglo XIX sancionaron la exclusión política de las mujeres mediante el simple argumento de que a los que elaboraron la constitución de 1833 no se les cruzó por la mente la idea de conferir el derecho electoral a las mujeres, y que si lo hubiesen considerado, hubiesen sido específicos en conferir el derecho electoral a “chilenos y chilenas”, o a “chilenos de ambos sexos”. Es decir, “chilenos” quería decir “hombres”.

Las mujeres sufragistas pusieron en evidencia la lógica contradictoria del ideario republicano que se funda en una declaración universal de derechos, pero que por otro restringe tales derechos a determinados sujetos. En la Asamblea Constituyente Popular de 1925, convocada por el Presidente de la Republica Arturo Alessandri, las mujeres participaron en la Asamblea que elaboró un documento que regiría la vida cívica del país, sin embargo ninguna de sus propuestas fueron tomadas en cuenta. La Constitución Política de Chile (de 1925), fue elaborada por una comisión consultiva compuesta por 122 destacados ciudadanos, todos hombres. Tras la elaboración de la Constitución (que formuló en su articulo 1ero. que, “todo hombre es igual ante la ley”), las mujeres fueron excluidas en la práctica, bajo la sombra de la universalidad de la ley.

En Chile las mujeres han ido tomando la palabra desde su especificidad como sujeto oprimido y han reclamado la universalidad de la ley del derecho, es decir no han tomado la palabra de la política de la diferencia, si no que de la igualdad, lo que las ha hecho atraparse en tratar de establecer la igualdad con los hombres. El sistema patriarcal las ha posesionado en su especificidad, y esto ha retardado el acceso a la universalidad. La relación conflictiva que han mantenido las mujeres con el ideario republicano, un ideario que se funda sobre una declaración igualitaria que no reconoce las diferencias culturales entre los sexos ni la historia de esas diferencias en la práctica, costumbres y leyes exclusivistas, ha ido dejando de lado los reclamos por los derechos fundamentales de las mujeres (Castillo, 2005). Para lograr sus derechos, las feministas se han tenido que adaptar a las reglas y condiciones impuestas por el sistema y han tenido que adaptar su discurso a la categorización que se ha hecho de ellas, con demandas que corresponden a esa categoría. Es así como sus primeros logros con respecto al derecho a la educación y al ámbito fuera del hogar, al principio se limitó al ejercicio de la profesión de enfermera y profesora, ambas vistas en la época como una prolongación del rol de madre.

Antes de eso, a principios del siglo pasado, la restricción de las mujeres al ámbito educacional superior, cuya consecuencia era un argumento más para que los hombres estuvieran en contra de la participación de las mujeres en la política, había pasado a ser un reclamo más del movimiento feminista. Las mujeres asimilaron el ideal republicano de la democracia al de la demopédia, y la lucha por el derecho al ejercicio del sufragio universal se convirtió en la lucha por el derecho a la educación. De la misma manera se han ido retardando las exigencias de otros derechos fundamentales, para cumplir con la demanda de condiciones impuestas por el sistema patriarcal. No está de más señalar que los derechos logrados por las feministas hasta ahora, se han dado solamente después de que todos las demás categorías sociales han logrado sus derechos, de la misma manera que en los EEUU, donde las mujeres obtuvieron su derecho a voto después que los hombres negros.

Después de obtener el derecho a la educación, las mujeres aún no podían ejercer su profesión, a causa de no ser ciudadanas electoras. Pasaron entonces de las demandas por el derecho a la educación igualitaria, al reclamo de la igualdad en el campo de la política, demostrando el desacuerdo de ser parte de la sociedad y no ser reconocidas como miembros de ella. En 1919 se formaron grupos feministas cuyo objeto central eran los derechos políticos y civiles de la mujer, leyes de divorcio, de protección a la obrera, a la madre, entre otras. Sus demandas compartían el mismo lenguaje de la democracia y se formularon en el terreno de las leyes. Leyes que estaban hechas por hombres y para hombres. Leyes que no reconocían a las mujeres como parte de una categoría inferior en la escala jerárquica del sistema patriarcal, es decir, que no reconocían ni reconocen hasta ahora, la desigualdad entre hombres y mujeres en la sociedad.

Igualdad sólo para algunos…

Al no reconocer ésta desigualdad y jugar a la igualdad con los ojos cerrados, o con la soberbia de quien se haya en la cima de la jerarquía y se niega a perder sus privilegios, se está aceptando la república como un estado constituido exclusivamente para una determinada categoría que se proclama a sí misma como universal. Han pasado alrededor de 50 años desde el comienzo del eclipse del análisis de clase como corriente central de las ciencias sociales, sin embargo aún existen quienes se aferran a estos análisis y discursos que hoy están obsoletos en el mundo industrializado y en el mundo más desarrollado de las ciencias. La categorización de las mujeres y hombres según el análisis de género, y la de los indígenas según el análisis de etnicidad, aún parecen ser desconocidos no sólo por los partidarios de la derecha conservadora, si no que también por muchos partidarios de la izquierda que se quedaron atascados en el pasado, aún viendo el mundo únicamente según las categorizaciones basadas en las clases sociales cuyos representantes son los hombres blancos.

El rápido desarrollo de las ciencias sociales y humanísticas, como la filosofía, la historia, la lingüística, la literatura, la antropología, etc., así como de otras ramas dentro de las ciencias, ha dejado atrás a quienes no se han ido poniendo al día, y existe no sólo una gran ignorancia al respecto, si no que también un rechazo a lo nuevo, sobre todo cuando los nuevos desarrollos dentro de las ciencias se deben a que las mujeres han ido entrando cada vez más en los ámbitos académicos y han estudiado las sociedades incluyendo a la otra mitad de la humanidad. Dentro de las ciencias contemporáneas ya no se acepta al hombre como sujeto universal y normativo, aunque en nuestro país aún se trate de hacer parecer lo contrario y se restrinja esta información en los establecimientos educacionales y en la sociedad en general, tanto por corrientes de derecha como de izquierda, laicas y religiosas. Más o menos como antes algunos se esforzaban en seguir creyendo, y hacer creér al resto, que la tierra era plana…

Los crímenes cometidos sobre la base de categorías sociales como son las categorías según el género, la etnicidad, la raza, el credo religioso o el pensamiento político, deben ser vistas como tales, y no como crímenes de “arrebato”, “pasionales”, “accidentales”, o de otra índole. Tanto un comunista como un partidario de la UDI, un católico o un musulmán, un heterosexual u homosexual, un mapuche o un chileno, un hombre o una mujer, deben tener la garantía de que el Estado va a ser capaz de defender sus derechos como tales, y que nadie podrá privarlos de la libertad de ejercer sus derechos y su participación en la sociedad en igualdad de condiciones. Toda violencia basada en alguna de estas categorías, es una violación a los derechos humanos.

La violencia contra las mujeres está reafirmada como prioridad dentro del marco jurídico internacional a través de la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (1979), la Convención sobre los Derechos del Niño (1990) y la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer o Convención de Belem do Pará (1994). Todas estas convenciones obligan a los gobiernos nacionales, regionales y locales a tomar medidas para erradicar la violencia contra las mujeres. Además existen en el ámbito internacional otros instrumentos que permiten orientar a los Estados en la implementación de las acciones, como es la Declaración y Programa de Acción de Viena (1993), la Conferencia Internacional de Población y Desarrollo, El Cairo (1994), y la IV Conferencia Mundial de la Mujer, Beijing (1995).

La mayoría de los países ha ratificado los acuerdos internacionales y ha desarrollado planes nacionales, leyes y programas para prevenir, sancionar y atender la violencia contra las mujeres, llamada “violencia doméstica”. Sin embargo, en estos países abundan las situaciones de mujeres que, pidiendo protección estatal, no han obtenido las respuestas adecuadas para prevenir la muerte en manos de sus parejas. Según la propuesta de ley de femicidio, ésta incluye la protección de esas mujeres, es decir la prevención de su muerte.


publicado en Primeraplana.cl



Referencias:

Aravena, Luis & Corporación La Morada. 2004. Femicidio en Chile. Santiago: Andros Impresores.


Castillo, Alejandra. 2005. La república masculina y la promesa igualitaria. Santiago: Palinodia

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domingo, junio 10, 2007

Movimientos de hombres

Movimientos de hombres - los varones frente al cambio de las mujeres


por Luis Bonino Mendez,

psicoterapeuta especializado en problemáticas masculinas. Director del Centro de Estudios de la Condición Masculina, de Madrid.


No es la primera vez en la historia que frente al cambio de las mujeres, los varones se han visto afectados, pero nunca hasta hoy lo han sido de un modo tan general. Este cambio está generando modificaciones tan globales en las relaciones que ningun varón puede permanecer neutral, ya que al modificarse tan radicalmente el lugar asignado a la mujer en la cultura, esto no puede sino provocar complementariamente un cuestionamiento del propio lugar del varón en el mundo, ante las mujeres, ante los otros varones y ante sí mismo.

Los varones frente a los cambios femeninos

En el mundo latino y anglosajón existen pocos estudios que investiguen específicamente el impacto que tienen los cambios de las mujeres en el comportamiento masculino. En España se han realizado en los últimos diez años sólo tres investigaciones que nos muestran diferentes tipos de respuestas masculinas al cambio femenino y también al feminismo, que son producidas por tres categorías de varones:

Los contrarios a los cambios de las mujeres, los favorables a los cambios de las mujeres, y los ambivalentes frente al cambio de las mujeres.

Los movimientos de varones


En los últimos 20 años se están impulsando, por parte de los varones de varios paises occidentales desarrollados (especialmente los escandinavos, EEUU, UK, Australia y Canadá), una serie de actividades organizadas, luchas y reinvindicaciones que tienen a la masculinidad como tema principal,y a las que se ha dado en llamar "movimientos". Ninguno de ellos considera a la masculinidad como algo garantizado y natural, sino algo a transformar o conservar, algo que hay que defender o por lo que hay que luchar. Todos intentan dar respuesta a la pregunta ¿qué es ser un hombre hoy?. Y todos también, directa o indirectamente, intentan ser una respuesta- grupal en este caso- al desafío que suponen los avances y cambios de las mujeres y el feminismo.
Dichas prácticas sociales se están desarrollando en el terreno sociopolítico, asociacionista, académico, asistencial y educativo , y se divulgan con fuerza a través de los medios de comunicación y publicaciones en algunos países, utilizando especialmente Internet como modo global de difusión. De acuerdo a sus diversas concepciones y abordajes respecto a la masculinidad,se pueden diferenciar actualmente cinco movimientos de varones:

El movimiento profeminista, o antisexista:

Surgió en los paises anglosajones y escandinavos a principios de los 70, asociado a los movimientos por los derechos civiles. Constituido por varones generalmente de sectores medios, afines a las ciencias sociales y educativas, favorables a los cambios de las mujeres y que se nutren de las ideas del feminismo de la igualdad. Reconocen la responsabilidad masculina en el mantenimiento de la subordinación social de las mujeres y ejercen una autocrítica sobre el propio ejercicio del poder. Rechazan el modelo masculino dominante, el sometimiento acrítico al corporativismo viril y la homofobia, y proponen el activismo social, la investigación académica y la formación de grupos de reflexión de varones para desconstruir el ideal de masculinidad tradicional, romper la complicidad masculina antisexista y practicar la igualdad con las mujeres.

En el ámbito académico , este movimiento tiene su inserción a través de los Estudios críticos sobre los varones y las masculinidades -los men´s studies-, que incorporan la categoría de género en su marco referencial. Nutren dichos estudios numerosas investigaciones sobre la historia, las diferencias culturales y los cambios sociales de las masculinidades, así como sobre las temáticas del poder, la sexualidad, las nuevas paternidades, la construcción de la subjetividad, la violencia, la salud, y las políticas de cambio para los varones. (Hearns,1989; Kimmel,1992; Kaufman, 1992; Seidler,1992; Connell, 1995; Bourdieu,1998).

En el ámbito educativo, quienes participan del movimiento se han dedicado sobre todo al desarrollo de programas de educación para transformar los estereotipos masculinos (Salisbury,Jackson,1996).

El movimiento mitopoético:

Surge en EEUU a finales de los años 80 asociado a la etapa conservadora de Reagan, y a la aparición en la sociedad anglosajona de reacciones de rechazo al avance de los 70 en las luchas de las mujeres por la igualdad. Liderado por el poeta Robert Bly (Bly,1990), este movimiento está formado principalmente por varones blancos heterosexuales, de clase media , frustrados por la falta de éxito laboral para el que estaban socializados. Algunos de ellos están abiertos al ecologismo y a las ideas de la New Age. En este movimiento, el estudio de los mitos, los ritos de iniciación masculina y la figura del mentor adquieren un gran relieve. Gran parte de sus actividades derivan de propiciar un trabajo introspectivo para reencontrar, según sus postulados, "la energía masculina " en estos tiempos de "ausencia del padre", "poderío de la madre" y "feminización de los varones".

Quienes pertenecen al movimiento no se oponen a los cambios de las mujeres, pero tampoco los aplauden, recelando frecuentemente de ellas , a quienes se ve como "poderosas" y peligrosas. Cercanos en sus ideas a las perspectivas feministas de la diferencia, no se ocupan de los problemas de la desigualdades, avalan muchos aspectos de los roles tradicionales y están en general , alejados de los ambientes académicos.

El movimiento de las terapias de la masculinidad:


Desarrollado a partir de los años 80 por varones preocupados por la "crisis" de la masculinidad se fue estructurando alrededor de multitud de teorías y prácticas psicológicas utilizadas para apoyar a los integrantes del colectivo masculino en la "reconstrucción" o "redefinición" de su identidad "dañada" por los cambios sociales y femeninos. Expresa en la vertiente psicoterapéutica a los dos movimientos anteriores, y por ello en él hay dos corrientes que trabajan ambas sobre el aislamiento y el encierro emocional de los varones, aunque de modo muy diferenciado.

La primera corriente, la más conocida y con mayores seguidores está especialmente influenciada por las ideas de Bly, Jung y Perls sobre los arquetipos, el psiquismo masculino, las razones de su sufrimiento y los caminos del cambio. Su trabajo se centra en abordar y disminuir los "perjuicios" del rol masculino, "cicatrizar las heridas de la masculinidad" y reasegurar la alicaida autoestima masculina. No tiene demasiado en cuenta a las mujeres (excepto como Diosa o Madre), pero valora lo "femenino", aspecto que los varones deberían incorporar para ser más plenos.

El movimiento por los derechos de los hombres o "men´s rights":


Se entremezclan aquí varones defensores de derechos patriarcales con varones defensores de derechos igualitarios, que comenzaron a agruparse a partir de fines de los años 80, alertados por lo que consideraban el aumento de situaciones sociales favorables a las mujeres y adversas hacia ellos. Algunos grupos que conforman este movimiento están integrados por quienes dicen que "las mujeres han ido demasiado lejos" discriminádolos en sus avances, y que las leyes actuales generan situaciones que los desfavorecen.

Otros grupos de este movimiento están formados por varones que se centran en llamar la atención sobre sus derechos descuidados por las leyes, sin confrontar con el colectivo femenino (por ejemplo, luchando por el estudio de las enfermedades masculinas , contra la circuncisión, o por la insumisión al servicio militar). Estos grupos pueden estar a favor de las luchas y avances de las mujeres.

Finalmente, dentro del movimiento tienen gran importancia los grupos por los derechos de los padres, (father´s rights). Están constituidos por varones padres divorciados o separados de parejas de hecho, que reclaman contra los obstáculos legales que limitan el ejercicio de su paternidad, especialmente contra la mayor consideración de las leyes de familia para con la madre y el balance a favor de ellas en las leyes de custodia. En estos grupos hay tanto varones antifeministas como profeministas.

Fundamentalismo masculino:

Formado por varones tradicionalistas, principalmente casados, que defienden los lugares del varón como padre-autoridad y proveedor y el de la mujer como madre/ama de casa, así como los valores masculinos dominantes. Participan de las ideas de la derecha radical norteamericana y europea y se oponen a los cambios de las mujeres que pongan en peligro la distribución tradicional del poder entre mujeres y varones y los roles tradicionales. Aunque no se autoproclaman como fundamentalistas, esa es la ideología que agrupa a los integrantes el movimiento.

La igualdad


La igualdad real con las mujeres en todos los ámbitos es un nuevo ideal que aún no tiene demasiado espacio entre los componentes que dan forma a la masculinidad, por lo que los varones tienden a sentir que con ellas hay solo dos lugares: dominante o subordinado: por eso ellos tienden a vivir cualquier avance de la mujer como intento de dominación femenina (Benjamin,1996; Bonino, 1998).

Por todo esto, aceptar a la mujer como igual no es tarea facil para los varones. Cambiar hacia la igualdad supone un tremendo esfuerzo: no sólo renunciar a derechos adquiridos, sino poner en cuestión sus propios hábitos, su propia identidad, su imagen de la mujer y la base de su sentido de autoestima. Significa modificar comportamientos, pero también la propia mente para aceptar la igualdad con la mujer y no verla solo como amenazante o subordinada . Cambiar es transformar dentro de sí y en lo social, los mitos masculinos patriarcales que actúan como poderosas resistencias al cambio e incorporar nuevos ideales. Tarea difícil, pero que desde una ética de género, es el único modo de innovar y no quedar atrapado entre el mortífero inmovilismo, la nostalgia del machismo perdido o el victimismo del varón domado.

Otros factores se agregan para hacer difícil el movimiento de cambio innovador de los varones: la falta de modelos de masculinidad no tradicional,el aislamiento de los varones aliados a las mujeres, la censura al transgresor del modelo tradicional. Por ello no sorprende que el movimiento de cambio no sea mayoritario, ni promovido desde ellos, sino en general "forzado" desde el exterior .



Publicado en Profem (Hombres pro-feministas), y en la revista Lectora. Dones e intertextualitat.

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